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Abuelos y nietos: el vínculo intergeneracional que beneficia a ambas partes

Especialistas destacan que la relación entre abuelos y nietos aporta seguridad afectiva a los niños y propósito a los mayores, aunque requiere acuerdos claros sobre límites y crianza.

La relación entre abuelos y nietos es un vínculo intergeneracional que, según especialistas, genera beneficios para ambas partes. Mientras los niños encuentran una figura adicional de seguridad y afecto, los mayores obtienen un propósito y mayor sociabilidad.

Florencia Sanabria, médica pediatra y psiquiatra infantil, explicó que un abuelo disponible puede convertirse en una figura adicional de seguridad y, a través de conversaciones, relatos, juegos y actividades cotidianas, enriquecer el lenguaje, la curiosidad y el sentido de pertenencia. «Se trata de un vínculo intergeneracional de afecto, memoria y continuidad. Los abuelos conectan al niño con relatos, costumbres y experiencias anteriores a su nacimiento, ayudándolo a construir identidad y pertenencia», declaró.

Ricardo Iacub, doctor en Psicología y profesor titular de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señaló que para el chico los abuelos son los primeros con quienes establece un vínculo de cercanía más allá de los padres. «Es el primer alejamiento aceptado de los niños, por ejemplo, de poder ir a dormir a casa de los abuelos, de poder salir con ellos; representan un lugar de confianza. Sin duda, es un vínculo primordial que genera una seguridad exterior primaria a nivel social y esto es fundamental», enfatizó.

En cuanto al impacto de convertirse en abuelo, Iacub aseguró que las investigaciones demuestran que es positivo. «Los informes hablan de la recuperación de un afecto que se había perdido, ligado a un cariño asociado a los hijos, pero que con hijos adultos no se puede expresar de la misma manera», destacó. Además, mencionó que en una investigación para su primer libro, Proyectar la vida, la actriz Cipe Lincovsky le dijo que sabía que algo de ella se transmitiría a su nieto. «Evidentemente, existe un aspecto de continuidad personal a partir de un nieto», advirtió.

El especialista también diferenció los vínculos según el género: las mujeres describen un vínculo más afectivo, amoroso, de cuidados, de juegos, de recreación; mientras que en los hombres se presenta más ligado a la transmisión cultural. «Se puede decir que en el vínculo entre abuelos y nietos aparece el juego, la transmisión cultural, que es fundamental, no solamente en el sentido social más amplio, sino también de las vivencias de la familia y del intercambio de épocas. También aparece algo de mediación de la relación de poder entre padres e hijos», sostuvo.

Sanabria advirtió que para los mayores el vínculo puede reforzar la generatividad, es decir, la sensación de tener algo valioso para transmitir. «Puede aportar propósito, afecto y participación social, siempre que el cuidado sea voluntario y compatible con sus posibilidades. Cuando es intenso u obligatorio, puede generar cansancio, estrés y pérdida de actividades propias», señaló.

Una investigación reciente publicada en la revista Psychology and Aging, realizada sobre 2887 adultos mayores de 50 años residentes en Europa, concluyó que los que participan activamente en el cuidado de sus nietos tienden a mantener mejor su capacidad cognitiva. Las razones serían la relación intergeneracional y la mayor sociabilización a partir de este cuidado. El informe indicó que actividades como jugar, conversar, acompañar en tareas y resolver pequeños retos cotidianos se asocian con un menor deterioro de funciones como memoria, atención, procesamiento de información y flexibilidad cognitiva. Sin embargo, el estudio asegura que aquellos abuelos que asumen roles demasiado exigentes o que se sienten estresados por la responsabilidad no evidencian los mismos resultados.

En el cuidado diario, pueden aparecer situaciones que generen roces entre hijos y padres, en especial en lo que respecta a los límites y a la autoridad. Los temas más frecuentes suelen ser horarios, la alimentación, el uso de pantallas, la educación o la manera de poner normas. Para Yasmin Bellani, psicóloga especializada en gerontología y diplomada en neuropsicología aplicada en adultos mayores, el principal límite es no confundir roles. «Los abuelos no tienen que convertirse en padres de sus nietos, salvo en situaciones particulares en las que las circunstancias familiares lo requieran. También es importante respetar los tiempos, decisiones y espacios de cada generación. Los abuelos pueden expresar su opinión, pero no necesariamente imponerla», dijo. Y advirtió que es necesario, también, que los padres reconozcan que tienen derecho a tener una vida propia, a descansar, viajar, trabajar, tener proyectos y decir que no cuando no pueden o no quieren asumir determinada responsabilidad.

En cuanto a la autoridad parental, Bellani reconoció que es uno de los puntos que más conflictos genera. «Los abuelos pueden tener criterios diferentes, pero cuando están en desacuerdo con una decisión de los padres, lo saludable es conversar con ellos y no desautorizar frente al niño», advirtió. Y aseguró que uno de los conflictos más frecuentes aparece cuando los abuelos sienten que tienen derecho a decidir porque tienen más experiencia. Explicó que el chico no debe quedar atrapado en el conflicto entre adultos: «No es saludable que tenga que elegir entre lo que dicen mamá y papá y lo que dice la abuela o el abuelo». La clave está en construir acuerdos entre adultos y preservar al niño de esas diferencias.

Testimonios de abuelas consultadas reflejan diversas experiencias. Marcela Andreatini, de 61 años, abuela de Felipe, de casi un año, dijo: «Comparto tiempo con él todas las mañanas en la empresa familiar y tres días a la semana lo llevo a almorzar a mi casa y lo cuidamos con mi marido durante unas dos horas. Disfrutamos descubrir cada nuevo gesto o sonido, escucharlo reír y sentir que es feliz». Pero aclaró que también representa un desafío y una responsabilidad e incluye algunos temores, entre ellos: «Que no se lastime, que pueda consolarlo si llora o que mi energía sea óptima para estar disponible al cien por ciento».

Susana Beatriz Larocca, de 76 años, tiene un solo nieto de casi dos años, que cuida una vez por semana. «No lo tomo como un cuidado; para mí es un recreo por la alegría de estar juntos y reírnos», dice. En cuanto a límites y autoridad, reconoce que son los papás quienes ponen las normas. «Es su familia, yo tuve la mía; ahora la experiencia es de ellos. Respeto sus decisiones, aun cuando algunas me parecen exageradas. A lo sumo se los digo, pero nunca como una crítica, sino riéndome de cómo cambió todo respecto a otras épocas», añade. Y reconoce que se esfuerza mucho en no entrometerse. «Tarea difícil pero obligatoria, yo la padecí con mi suegra y no quiero repetir ese modelo», señala.

Liliana Graciela Farina, de 73 años, busca a su nieta Francesca todos los días en el colegio a las cuatro de la tarde y una vez por semana la lleva a danza urbana. Define la relación con su nieta como de amor total. «Es la luz de mi vida, mi motor». Cuenta que cuando nació su hijo tenía 21 años y que se divorció dos años después. «Tuve que salir a trabajar y mis padres me ayudaron a criarlo, pero me perdí muchos momentos. Con Francesca siento que estoy viviendo muchas de esas cosas que no viví con mi hijo», dice. Liliana se reconoce como una abuela de sí fácil: «Me cuesta poner límites», admite. Aunque no tiene mayores conflictos con los padres por la crianza de Francesca, «más allá de alguna corrección puntual de mi hijo», aclara. «Creo que el rol de abuela funciona con otra lógica que el de padre o madre, y por eso a veces cuesta encontrar el punto en común, pero siempre se puede conversar», asegura.

Para Marcela, en estos tiempos donde muchos papás tienen que salir a trabajar, el rol de los abuelos cobra mucha importancia porque saben que con ellos sus hijos estarán bien cuidados y, sobre todo, amados. «Sé que no es igual para todas las familias, y que hay opiniones distintas sobre si es ‘trabajo’ o no cuidar nietos, pero creo que la mayoría de los abuelos disfruta enormemente ese rol», asegura Nora. «De algo estoy segura: el vínculo con los abuelos, cuando se ejerce con esa entrega, deja una marca que dura toda la vida», finaliza.

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