A pesar de las dificultades económicas, las celebraciones por el Día del Niño en los barrios populares de Córdoba se sostienen mediante la organización comunitaria, según informó el padre Melchor López.
La situación económica en Argentina dificulta que las familias puedan afrontar regalos y salidas, pero no impide los festejos por el Día del Niño en los barrios populares de Córdoba. La organización comunitaria, a través de capillas, escuelas, merenderos, centros vecinales, comedores y grupos de vecinos, permite sostener las celebraciones, según declaró el padre Melchor López en diálogo con Perfil Córdoba.
López explicó que durante agosto no existe un único festejo, sino una multiplicidad de encuentros en los que participan niños y niñas de distintos sectores. «En los barrios más empobrecidos de la ciudad de Córdoba especialmente, el Día del Niño se festeja siempre y mucho», señaló.
La celebración se sostiene a partir de un entramado de instituciones y vecinos que colaboran con alimentos, juguetes y actividades recreativas. Las chocolatadas, el mate cocido, las tortillas, los panes caseros y las tortas forman parte de los encuentros, mientras que también se organizan juegos, música y actividades deportivas. «Las familias se congregan, se juntan para poder resolver lo que individualmente no podrían», explicó el sacerdote.
Los festejos pueden repetirse durante todo el mes y desarrollarse en distintos espacios del mismo barrio. «Un niño puede participar de una celebración en la escuela, otra en la capilla, el merendero, el centro de salud o el centro vecinal», por lo que la fecha se transforma en una serie de encuentros comunitarios.
López advirtió que el deterioro económico afecta a otros sectores que anteriormente podían afrontar una salida, una merienda o un regalo para sus hijos. «Me parece que puede llegar a doler un poco más para los padres que son trabajadores empobrecidos que en otros momentos podrían pensar en una salida a un parque, a una merienda y a un regalo, y hoy va a tener que elegir entre una u otra», señaló.
El sacerdote diferenció esta situación de la de las familias que históricamente viven en contextos de pobreza y que ya tienen incorporada la celebración comunitaria como una forma de sostener el Día del Niño. «Los más pobres siempre fueron pobres, lamentablemente. Entonces hay generaciones y generaciones festejando el Día del Niño de esta forma», sostuvo.
En cuanto a los regalos, una de las principales fuentes son las donaciones. López mencionó entre los juguetes más habituales las muñecas, muñecos, autitos, changuitos y pelotas, tanto nuevos como usados. «Los festejos a los niños» también funcionan como una expresión de solidaridad, aunque López remarcó que no debería naturalizarse que las familias tengan que depender de este tipo de redes para poder celebrar.
La celebración en los barrios populares tampoco se limita a los niños más pequeños. Según López, participan desde recién nacidos hasta chicos de 12 y 13 años, porque el festejo representa una oportunidad de compartir actividades que muchas veces no están disponibles durante el resto del año.
