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Cambios en el consumo de carne en Argentina: menos vacuna y más cerdo

Un informe de FADA revela una caída histórica en el consumo de carne vacuna y un aumento en la de cerdo, vinculando el fenómeno a diferencias de precios y estructura de costos.

La carne vacuna ha vuelto a ocupar un lugar central en el debate económico por su impacto en el gasto familiar y en los índices de precios. Según un análisis de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), el consumo per cápita de carne bovina registró una disminución de aproximadamente 5 kilos por año en comparación con el período anterior, situándose en uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas.

En contrapartida, el consumo de carne de cerdo mostró un incremento de alrededor de 1,5 kilos por persona por año, alcanzando los 18,3 kilos anuales. La economista jefe de FADA, Fiorella Savarino, señaló que esta sustitución es medible y responde principalmente a factores económicos.

La explicación central reside en la evolución dispar de los precios. Según los datos presentados, mientras la inflación acumulada entre febrero de 2025 y febrero de 2026 fue del 33%, el precio de la carne vacuna aumentó un 64%. En el mismo período, la carne de cerdo registró una suba del 25%, muy por debajo de la bovina y del promedio general. «Al analizarlo en términos de poder adquisitivo, es más conveniente adquirir un kilo de carne de cerdo que de vaca», concluyó Savarino.

El informe también detalla la composición del precio final. En el caso de la carne, el 28% corresponde a impuestos, mientras que el 51% se explica por los costos de los distintos eslabones de la cadena: cría, feedlot, frigorífico y carnicería. Para productos básicos como pan, carne y leche, en promedio, uno de cada cuatro pesos pagados corresponde a tributos.

Savarino vinculó el escenario actual con políticas de largo plazo, mencionando que medidas como las prohibiciones a la exportación y las retenciones «han desincentivado la producción ganadera», lo que a la larga reduce la oferta y presiona los precios al alza, incentivando la búsqueda de proteínas alternativas por parte de los consumidores.

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