Los comicios brasileños de este domingo definirán al próximo presidente para el período 2027-2031. La campaña estuvo marcada por debates sobre soberanía digital, desinformación y políticas tecnológicas.
Las elecciones presidenciales de Brasil se celebran este domingo. En ellas se definirá quién gobernará el país durante los próximos cuatro años. La campaña transcurrió en un clima de polarización y, según los sondeos, habría segunda vuelta, ya que desde 1998 ningún candidato se impuso en primera vuelta.
El actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, busca la reelección. En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Lula planteó que los países deben recuperar soberanía frente a las corporaciones digitales y reconstruir espacios de gobernanza internacional donde el Sur Global tenga más peso. En la Cumbre sobre el Impacto de la IA celebrada en la India, afirmó: «cuando unos pocos controlan los algoritmos y la infraestructura digital, no estamos hablando de innovación, sino de dominación».
Durante su gestión, el Tribunal Superior Electoral fijó normas sobre deep fakes y desinformación. El Supremo Tribunal Federal obligó a X y a Elon Musk a rendir cuentas por desafiar sus órdenes. El gobierno impulsó legislación para proteger a niñas, niños, adolescentes y mujeres en el entorno digital, prohibió las apuestas en línea y fortaleció el PIX, el sistema de pagos público y gratuito.
La región es rica en tierras raras, energía y agua, y cuenta con centros de investigación de calidad. La creciente demanda de cobre, litio y energía plantea desafíos para los países latinoamericanos. En Argentina, el gobierno de Javier Milei implementó el Súper RIGI, un régimen de incentivo a las inversiones.
Donald Trump afirmó que «quien gane la IA, gana». Su rechazo a los marcos globales para la inteligencia artificial responde a una postura ideológica y una estrategia de negocios. Washington considera a América Latina su «patio trasero», una reserva de recursos cruciales para competir con China. Pekín también pone la tecnología al servicio de una competencia por la supremacía global.
Si Lula fuera derrotado, la llamada «marea azul» de gobiernos de derecha se extendería sobre casi toda la región. La campaña transcurre en un clima de fuerte polarización y todo indica que habrá segunda vuelta. El balotaje estiraría tres semanas más una campaña expuesta a la desinformación, en una región donde crece la desconfianza hacia la democracia.
