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Padre Omar Cadenini: «El Papa ya dio su mensaje al elegir visitar el Cotolengo»

El integrante del Cotolengo Don Orione de Córdoba se refirió a la visita papal a la institución de Claypole, describió la vida cotidiana en los hogares y mencionó la necesidad de recursos y acompañamiento para personas con discapacidad.

El padre Omar Cadenini, integrante del Cotolengo Don Orione de Córdoba, se refirió a la decisión del Papa de visitar la institución de Claypole, en Buenos Aires. En diálogo con Punto a Punto Radio, describió cómo es la vida cotidiana en estos hogares, informó que evalúan la posibilidad de viajar para participar del encuentro y planteó la necesidad de garantizar recursos y acompañamiento para las personas con discapacidad.

—¿Qué significa para ustedes que el Papa haya elegido visitar el Cotolengo de Claypole?
—Es una enorme alegría, un orgullo. Estábamos esperando la noticia y que el Vaticano la confirmara. Por eso estábamos un poco ansiosos, pero nos habían pedido prudencia en la comunicación y eso hicimos. Estamos muy felices.

—¿La obra de Don Orione en Claypole es similar a la de Córdoba?
—Sí. Claypole es la más grande de nuestras casas para personas con discapacidad, la más grande del país. Pero todos los Cotolengos tenemos la misma fisonomía, una metodología de trabajo parecida y, sobre todo, el mismo espíritu.

—¿Cómo es un día en el Cotolengo?
—Arranca temprano. Hay que ayudar a que quienes viven aquí comiencen su actividad, puedan movilizarse, higienizarse, desayunar y tomar la medicación quienes la necesitan. Después empiezan las tareas de todos los días. Algunos tienen actividades de rehabilitación, otros de socialización. Hay distintos programas prácticamente para cada uno, con pequeños grupos según las actividades que se pueden desarrollar. Algunos se insertan en talleres y trabajos, y otros tienen que ir al médico. Así transcurre el día.

—¿Cuántas personas viven actualmente en el Cotolengo de Córdoba?
—Tenemos 120 residentes y otras 29 personas que concurren al centro de día.

—¿Cuánta gente se mueve diariamente en la institución?
—Entre los residentes, quienes concurren al centro de día y las personas que trabajan, hay un movimiento cotidiano muy importante.

—¿En Claypole también tienen programas de comunicación, como los de radio que funcionan en Córdoba?
—La radio de Claypole está desactivada, pero tiene un montón de programas de tareas cotidianas, sobre todo talleres laborales o prelaborales. Hay que imaginarse que Claypole es una pequeña ciudad. Nosotros aquí en Córdoba tenemos cuatro hogares donde viven los residentes de manera permanente; Claypole tiene 14 hogares. Es una pequeña ciudad, una hormiguera de gente que viene de todos lados.

—¿Cómo se preparan para recibir al Papa?
—Va a ser una gran alegría. En el Cotolengo se vive mucha alegría. A veces me preguntan si las personas que viven acá sufren. Es difícil catalogarlo así, porque, aun en medio de las limitaciones que puede significar la discapacidad en algunos casos, viven con una gran alegría. Se vive el día con mucha alegría. La venida del Papa a la Argentina va a ser una fiesta y al Cotolengo va a ser una fiesta singular, sin duda.

—¿Está previsto que integrantes del Cotolengo de Córdoba viajen a Claypole para participar de la visita?
—Lo estamos evaluando porque la visita del Papa a Claypole tiene un aforo, es decir, una cantidad medida de gente. Internamente se estaba evaluando que puedan participar personas de otros Cotolengos. Nosotros estamos viendo si viajamos. Casi nos conviene quedarnos acá y participar de las actividades de la visita del Papa en Córdoba, pero tampoco pueden ir muchos a Claypole. Con los que viven allí ya hay una cantidad importante de personas. Tenemos la confirmación de la visita, el día y más o menos la hora. Ahora estamos viendo la letra chica: cuántos pueden ir y cómo será la organización. Ya se definió en qué espacios del Cotolengo se va a mover el Papa. Esa información nos la está dando la gente de la Santa Sede, que es la que maneja la visita.

—¿Le gustaría que el presidente Javier Milei acompañara al Papa en la visita al Cotolengo?
—Ojalá vaya. Expreso mi deseo particular, el mío personal: necesitamos que vaya. No solamente el presidente, sino también los funcionarios nacionales, los ministros y todos los que puedan ir. Necesitamos que vayan porque, si no conocen el Cotolengo, no van a entender de qué estamos hablando. El Cotolengo no es la foto completa de la discapacidad en la Argentina, pero es una foto. Y, de hecho, el Papa hace ese gesto. Fíjense que la visita del Papa ya empezó. Algunos preguntan qué va a decir. No, ya está: ya lo dijo. Ese es el tema, ese es el gran mensaje que va a dar el Papa al elegir visitar el Cotolengo.

—¿Las puertas están abiertas también para las autoridades nacionales?
—Sí, nos encantaría que vengan autoridades nacionales o del Gobierno. El Cotolengo está siempre con las puertas abiertas para todos. No somos de una política partidaria puntual.

—En medio del debate por los recortes a la discapacidad, ¿qué dificultades observa en las familias?
—Para las familias que tienen una persona con discapacidad es un calvario la búsqueda de recursos, los apoyos y los trámites que hay que hacer. Hay muchas cosas innecesarias. No es que una persona tiene una discapacidad y en algún momento la va a superar. Hay personas que tienen una discapacidad permanente y va a ser así. Sin embargo, tienen que volver a empadronarse, volver a decir que tienen tal discapacidad, ir otra vez al médico y solicitar una autorización. Es un calvario.

—¿Qué rol debería cumplir el Estado en ese acompañamiento?
—Históricamente, en nuestras casas, en los Cotolengos, todos trabajamos. De una forma o de otra, en las cosas chiquitas o en las grandes, pero todos tenemos que trabajar. El trabajo también nos significa algo. Si yo ayudo a una persona con discapacidad, le doy una herramienta y una posibilidad, mucho mejor. Entonces, los recursos del Estado también tienen que ir para ese lado.

—¿Cómo se puede evitar que una persona con discapacidad sea vista como una carga para su familia?
—Hay que entender que las personas con discapacidad también pueden tener posibilidades y herramientas para desarrollar actividades. Si uno les da una oportunidad, puede ayudarlas a integrarse y a participar. Los recursos del Estado tienen que servir también para eso, para acompañar y dar posibilidades.

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