Un análisis histórico repasa el papel de la intelectualidad económica argentina en distintas épocas, desde dictaduras hasta la democracia, y su disposición a priorizar reformas económicas por sobre instituciones y derechos.
Un texto de análisis repasa la actuación de las élites económicas argentinas a lo largo de la historia reciente, y sostiene que estas han priorizado la implementación de reformas económicas por encima de consideraciones institucionales o de derechos.
El escrito señala que, en distintas épocas, sectores de la intelectualidad económica local han justificado o tolerado medidas excepcionales, como golpes de Estado, concentración de poder en el Ejecutivo, limitaciones a derechos o intervenciones sobre el Poder Judicial, con el argumento de combatir un “enemigo” económico del momento.
Como ejemplo, menciona la actuación de Adalbert Krieger Vasena como ministro durante las dictaduras de Aramburu y Onganía, y la defensa de políticas económicas durante el gobierno de facto de fines de los años 70 por parte de Juan Alemann, quien en una entrevista periodística de 1979 justificó el debilitamiento del poder sindical como base para una salida política.
También cita una autocrítica de Mariano Grondona, quien reconoció haber priorizado el desarrollo económico por sobre otros aspectos como la educación, las instituciones o la democracia.
El texto señala que, ya en democracia, durante los años 90, el proceso de privatizaciones impulsado por la élite económica se acompañó, según el autor, de “ultrajes institucionales” y de una concentración de poder en el Ejecutivo.
En la actualidad, el análisis sostiene que el equipo económico promueve medidas para combatir la inflación que, a su criterio, son “manifiestamente inconstitucionales”, “destructivas del empleo” y “regresivas en materia de igualdad”. Además, afirma que esa élite económica tolera o festeja excesos del Presidente, como insultos a mandatarios extranjeros, intentos de control del Poder Judicial o burlas a distintos grupos sociales.
El autor aclara que su crítica no implica un elogio a gobiernos autoritarios, populistas o corruptos, sino que se centra en la responsabilidad de la élite económica en el debilitamiento de las instituciones democráticas.
