En el marco del Día Mundial del Cerebro, un investigador argentino reflexiona sobre el papel de la inteligencia humana frente al avance tecnológico.
Cada 22 de julio se celebra el Día Mundial del Cerebro. La fecha suele utilizarse para abordar enfermedades neurodegenerativas, prevención o hábitos saludables. En esta ocasión, un especialista propuso una mirada diferente: “Tal vez, la pregunta más importante ya no sea únicamente cómo funciona nuestro cerebro, sino qué hacemos con la inteligencia que somos capaces de generar”.
El contexto actual se caracteriza por una producción de conocimiento sin precedentes y el desarrollo de tecnologías como la inteligencia artificial, la biotecnología, la medicina personalizada y las herramientas de análisis de datos. Estas herramientas ya forman parte del presente y modifican la forma en que se investiga, trabaja, aprende y se toman decisiones.
“Frente a este escenario, muchas veces el debate se concentra en la tecnología. Pero quienes trabajamos en ciencia sabemos que el verdadero diferencial sigue estando en las personas”, afirmó el investigador. “Las herramientas evolucionan a una velocidad enorme; no obstante, la capacidad de hacer buenas preguntas, conectar disciplinas, interpretar resultados y encontrar soluciones relevantes continúa siendo profundamente humana”.
En su equipo biotecnológico, indicó que utilizan inteligencia artificial a diario para analizar información, revisar bibliografía científica y acelerar procesos. “Es una aliada extraordinaria, pero ninguna plataforma reemplaza la curiosidad, la observación y la capacidad de formular la pregunta adecuada”, sostuvo. Y agregó: “La ciencia no consiste solamente en encontrar respuestas: empieza por hacerse mejores preguntas”.
El investigador, que trabaja en compuestos bioactivos derivados de erizos de mar para aplicaciones en salud humana, señaló que los avances científicos nacen cuando alguien explora caminos nuevos, conecta conocimientos que parecían no tener relación y persevera frente a la incertidumbre. “Muchas veces, los descubrimientos más importantes aparecen precisamente donde nadie estaba mirando”.
En ese sentido, afirmó que el principal desafío de esta nueva era no es tecnológico, sino humano. “Necesitamos formar personas capaces de pensar críticamente, trabajar en equipos interdisciplinarios, aprender durante toda la vida y transformar conocimiento en soluciones concretas”. Sostuvo que la innovación ya no puede entenderse como el resultado exclusivo del laboratorio: requiere universidades, empresas, organismos públicos y emprendedores trabajando de manera articulada.
Argentina, según indicó, posee un recurso valioso: su capital humano. “Contamos con investigadores y universidades reconocidas internacionalmente, emprendedores en ciencia y tecnología inquietos y pujantes y empresas capaces de competir en los mercados más exigentes”. El desafío, dijo, pasa por “construir los puentes necesarios para que ese conocimiento se transforme en desarrollo y oportunidades”.
“La inteligencia artificial seguirá creciendo y probablemente transforme muchas tareas que hoy realizamos de manera habitual. Pero también nos obliga a desarrollar aquello que ninguna tecnología puede ofrecer por sí sola: pensamiento crítico, creatividad, sensibilidad para comprender problemas complejos y capacidad para colaborar con otros”, concluyó.
El Día Mundial del Cerebro, sostuvo, puede celebrarse no solo promoviendo hábitos para cuidar la salud cerebral, sino también reconociendo el potencial de la inteligencia humana al servicio del bien común. “El futuro no dependerá únicamente de las tecnologías que seamos capaces de desarrollar, sino de cómo decidamos utilizarlas para construir una sociedad con más oportunidades para todos”.
