El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente publicó una actualización de sus cálculos climáticos en la que señala que, incluso si se cumplen todos los compromisos, el calentamiento global podría llegar a 2,6 °C para 2100. El documento menciona la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y el incremento de sus emisiones de CO2 como factores que inciden en las proyecciones.
WASHINGTON (AP) — El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicó el miércoles una actualización de sus cálculos climáticos en la que indica que, aun si todos los países cumplen sus promesas de reducción de emisiones, la Tierra se calentaría otros 1,2 °C por encima de las temperaturas actuales. Esta cifra representa alrededor de 0,1 °C más que las proyecciones del año pasado del mismo equipo científico.
El informe señala que «el resultado es peor de lo esperado el año pasado, como consecuencia de la retirada formal de Estados Unidos del Acuerdo de París y de estimaciones revisadas de las emisiones históricas». Asimismo, responsabiliza a Estados Unidos por el aumento de emisiones del año pasado, al indicar que las otras 20 principales economías redujeron su contaminación por dióxido de carbono o desaceleraron el crecimiento de las emisiones provenientes de la quema de carbón, petróleo y gas.
«En términos de magnitud, el aumento en Estados Unidos (equivalente a 133 megatoneladas de CO2) superó con creces el de todos los demás países y estuvo impulsado por una mayor demanda de electricidad y un repunte de la generación eléctrica a base de carbón», indica el documento. Según el informe, los 124 países que incrementaron sus emisiones —sin contar los 63 que las redujeron, como la mayoría de las naciones europeas— añadieron 189 millones de toneladas de dióxido de carbono en 2025, y el 70% de ese aumento provino de Estados Unidos.
El científico climático australiano Bill Hare, director ejecutivo de Climate Analytics, afirmó que Estados Unidos va «a toda máquina tratando de bloquear las energías renovables mientras promueve y subsidia activamente el carbón sucio —y su diplomacia intenta que otros países también den marcha atrás en la acción. Está mirando el fuego, negando que haya un fuego, y luego echándole más gasolina». Hare no participó en el reporte de la ONU, pero, al igual que varios otros científicos externos, refrendó su base científica.
Los nuevos cálculos señalan que, si los países cumplen todo lo que prometen en los planes de lucha climática presentados ante las Naciones Unidas, para 2100 el planeta estará 2,6 °C más caliente que en tiempos preindustriales. Si el mundo continúa por su trayectoria actual —sin promesas nacionales— estará 2,8 °C más cálido que en la segunda mitad del siglo XIX, lo mismo que la proyección del año pasado.
Ambas temperaturas superan ampliamente el objetivo de menos de 2 °C y, preferiblemente, 1,5 °C adoptado por el pacto climático de París de 2015. El mundo está ahora en alrededor de 1,4 °C por encima de los niveles preindustriales y, a principios de este año —y de nuevo en este informe— funcionarios de las Naciones Unidas admitieron que no hay manera de limitar el calentamiento al objetivo de 1,5 grados que habían asumido. En cambio, los funcionarios están depositando sus esperanzas en limitar el calentamiento a alrededor de 1,8 °C y luego, de algún modo, extraer suficiente dióxido de carbono del aire para bajar las temperaturas de nuevo a 1,5 grados.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que el mundo se está quedando «peligrosamente lejos» incluso de esos objetivos, «pero tenemos las herramientas para cambiar de rumbo y retroceder al borde del abismo».
La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, expresó que reducir drásticamente las emisiones globales de dióxido de carbono —en un 18% para 2030 y un 69% para 2040— «es la única manera de que podamos volver a una apariencia de una realidad que siga siendo en gran medida manejable sin impactos importantes y, por lo tanto, eso tiene todo el sentido».
La científica climática Adelle Thomas, vicepresidenta de una evaluación científica de las Naciones Unidas sobre impactos climáticos, comentó: «El mensaje del informe es claro. Sabemos lo que hay que hacer. Tenemos las herramientas para hacerlo. Y el retraso sólo vuelve el desafío más peligroso y más costoso para todos». Thomas no participó en este estudio.
La autora principal del informe, Anne Olhoff, directora del Centro Climático de Copenhague del PNUMA, dijo que el cambio de política de Estados Unidos probablemente añadirá una décima de grado Celsius a las temperaturas globales para finales de siglo.
Mohamed Adow, director de Power Shift Africa, una organización climática, afirmó: «Este reporte muestra que el retroceso de Estados Unidos no es solo una vergüenza política. Tiene consecuencias reales para el planeta y para millones de personas en todo el mundo. Una décima adicional de grado puede sonar insignificante, pero en términos climáticos es enorme. Significa olas de calor más peligrosas, inundaciones más destructivas, cosechas fallidas con mayor frecuencia y más vidas perdidas. Para las comunidades vulnerables en África, que ya viven en la primera línea de la crisis climática, cada fracción de grado importa. Estos no son números abstractos. Son vidas humanas».
Hare dijo que esa décima adicional empuja a otros 140 millones de personas «a condiciones peligrosamente calurosas» y aumenta las probabilidades del colapso de la selva amazónica o de las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida. También le costaría al mundo y recortaría alrededor de 1,2 billones de dólares de la economía global, indicó el científico climático Michael Mann, de la Universidad de Pensilvania.
Johan Rockstrom, director del Instituto de Investigación sobre Impactos Climáticos de Potsdam, en Alemania, dijo que el efecto de Estados Unidos probablemente sea incluso mayor que lo que calculan las Naciones Unidas porque, si el mayor contaminador climático histórico del mundo no hace mucho para combatir el calentamiento global, otras naciones también relajan sus esfuerzos.
El científico climático australiano Malte Meinshausen sostuvo: «El resto del mundo está agotado cuando se trata de contabilizar el daño que Estados Unidos está haciendo deliberadamente a aliados, estructuras multilaterales, cooperación económica, ayuda ante desastres. El resto del mundo probablemente debería seguir enfocándose aún menos en Estados Unidos».
Sobre la firma
Newsletter Clarín
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín
QUIERO RECIBIRLO
