Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, el tipo de cambio mayorista cerraría el año en $1.614, mientras que la inflación se ubicaría cerca del 30%. La diferencia implica una apreciación real del peso de aproximadamente 14% y genera efectos dispares entre los sectores productivos.
El dólar mayorista se encamina a finalizar 2026 con un aumento del 11,5%, según las proyecciones del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el Banco Central el 6 de octubre. En paralelo, la inflación proyectada para el mismo período se sitúa cerca del 30%. La diferencia de 18,5 puntos porcentuales entre ambas variaciones refleja un proceso de apreciación real del peso.
Si se ajusta la variación del dólar por la inflación interna proyectada, la apreciación real bilateral implícita ronda el 14%, sin considerar los movimientos de los precios internacionales ni de las monedas de los socios comerciales. Este cálculo no permite concluir por sí solo que exista atraso cambiario, una discusión que depende del nivel de equilibrio del dólar y de las condiciones estructurales de la economía.
El REM de septiembre reunió las estimaciones de 44 participantes, entre consultoras, centros de investigación y entidades financieras. Para octubre, la mediana de las proyecciones ubicó al dólar mayorista en $1.545, unos $20 por debajo de la estimación del relevamiento anterior. La cotización esperada asciende a $1.580 para noviembre y a $1.614 para diciembre.
De concretarse ese recorrido, el dólar aumentaría alrededor del 2,3% entre octubre y noviembre y otro 2,2% durante diciembre. En comparación, el REM prevé una inflación mensual del 1,7% en noviembre y del 1,8% en diciembre. Esto significa que el dólar podría comenzar a ganarle a los precios durante los últimos meses del año, aunque la diferencia sería demasiado pequeña para revertir la apreciación real acumulada durante 2026.
El REM también recortó la estimación de crecimiento económico para 2026 del 2,1% al 1,5%. Además, estimó que la economía se habría contraído 1% durante el tercer trimestre, en términos desestacionalizados, y que podría recuperarse 1,8% durante el cuarto trimestre. La desocupación esperada para el cierre de 2026 aumentó del 7,5% al 7,7%.
Mariano Ricciardi, economista y director de BDI Inversiones, explicó a PERFIL que la divergencia entre ambas variables ya anticipa una pérdida de competitividad cambiaria. «Si se cumplen las proyecciones del REM, durante 2026 habría una apreciación real importante: con precios subiendo cerca de 30% y el dólar mayorista sólo 11,5%, el tipo de cambio pierde competitividad en términos reales», sostuvo. El economista destacó, sin embargo, que las expectativas de los últimos meses muestran una dinámica diferente. «En el margen el tipo de cambio comenzaría a ganarle levemente a los precios, y podríamos ver una recomposición muy gradual: puede estabilizar la pérdida de competitividad, pero difícilmente revierta en pocos meses la apreciación real acumulada durante el año», señaló.
Ricciardi identificó a la industria manufacturera, los textiles, el calzado, algunas economías regionales y el turismo receptivo entre las actividades más perjudicadas. «Eso beneficia principalmente a los sectores que utilizan bienes de capital e insumos importados, porque importar se abarata en términos relativos y ayuda a contener costos. Del otro lado, aumenta la presión sobre los sectores transables con costos crecientemente en pesos», explicó.
Diego Piccardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, coincidió en que el impacto más importante se produce sobre las empresas que venden productos comercializables internacionalmente y tienen dificultades para absorber incrementos de costos. «Cuando los costos locales suben más que el dólar, se comprimen los márgenes de los exportadores y de las empresas que compiten con importaciones, especialmente si no consiguen compensarlo con mejoras de productividad», afirmó. Piccardo advirtió que la pérdida de valor real del dólar durante 2026 debe analizarse teniendo en cuenta la cotización alcanzada durante el período de incertidumbre electoral del año pasado. «Para evaluar qué pasa con la competitividad hay que tener en cuenta el punto de partida. La incertidumbre electoral del año pasado había llevado al dólar a un nivel elevado en términos reales», sostuvo. Según sus estimaciones, entre octubre y noviembre de 2025 el tipo de cambio rondaba los $1.750 medidos a precios actuales, mientras que cerró el año cerca de $1.650. «Por esa alta base de comparación, era esperable cierta apreciación real durante 2026 a medida que se disipara la incertidumbre. La diferencia entre la inflación y la suba del dólar, por sí sola, no alcanza para concluir que existe atraso cambiario», explicó. Además, señaló que «la competitividad también depende de avanzar en la reducción de impuestos, costos logísticos y trabas regulatorias».
Marcelo Capello, economista jefe del IERAL, señaló que el tipo de cambio real multilateral se encuentra actualmente casi 40% por debajo de su promedio de los últimos 25 años. Sin embargo, aclaró que esa comparación histórica no significa necesariamente que el dólar deba volver a aquellos niveles. «Si bien comparar con promedios históricos es una referencia ineludible, no quiere decir que el TCR de equilibrio actual deba ser parecido al histórico, porque el aluvión exportador en energía y minería que se está produciendo en Argentina en estos años (y que se acelerará a futuro), no estuvo presente en el último cuarto de siglo», explicó a PERFIL. Para Capello, el crecimiento de las exportaciones energéticas y mineras podría modificar estructuralmente la disponibilidad de dólares en el país. «Está claro que con un nivel de exportaciones muy superior al de años pasados, el TCR de equilibrio a futuro en Argentina debe ser bastante inferior al promedio histórico. Quizá sea algo mayor al actual, pero seguramente muy inferior al nivel histórico», sostuvo.
Las proyecciones del REM aportan elementos a ese debate. Para 2026, los analistas estiman exportaciones de bienes por USD 101.200 millones e importaciones por USD 75.499 millones, lo que arrojaría un superávit comercial de USD 25.701 millones. El saldo previsto mejoró USD 667 millones respecto del relevamiento anterior, por una combinación de mayores exportaciones esperadas y menores importaciones proyectadas.
Ricciardi también considera que energía, minería y agro se encuentran en mejores condiciones para afrontar un dólar relativamente bajo. «En energía, minería y agro el efecto existe, pero puede ser menor porque cuentan con ventajas comparativas, escala y productividad que les permiten convivir con un tipo de cambio real más apreciado», señaló.
El calendario electoral de 2027 aparece como otro condicionante para la política cambiaria. Capello consideró que el Gobierno tendrá incentivos para evitar movimientos bruscos del dólar durante los próximos meses, ante el riesgo de que se profundice la dolarización de carteras en la previa de las elecciones presidenciales. «Seguramente la primera intención oficial para lo que queda de 2026 y el año 2027 no contempla permitir una suba pronunciada del tipo de cambio, por el riesgo que se profundice la dolarización y se genere una corrida cambiaria importante», afirmó. El economista también planteó que, ante un eventual triunfo del oficialismo en 2027, la eliminación de las restricciones cambiarias pendientes para las empresas podría quedar para después de las elecciones. Su hipótesis es que el crecimiento de la oferta de dólares por exportaciones e inversiones energéticas y mineras, junto con reformas estructurales, podría facilitar una normalización cambiaria ordenada. De todos modos, Capello advirtió que prolongar la apreciación del peso también supone riesgos para la producción. «Sería deseable que en los próximos 12 meses el tipo de cambio nominal no se aleje de la inflación interna, de modo que el TCR no siga bajando», sostuvo.
Piccardo, por su parte, consideró que las expectativas de una depreciación real moderada durante 2027 resultan consistentes con una mayor demanda de cobertura en dólares asociada con la incertidumbre electoral.
El último REM agrega un elemento que vuelve más compleja la discusión sobre competitividad. Los analistas redujeron su previsión de crecimiento del Producto Interno Bruto para 2026 del 2,1% al 1,5%. Además, estimaron que la economía se habría contraído 1% durante el tercer trimestre, en términos desestacionalizados, y que podría recuperarse 1,8% durante el cuarto trimestre. La revisión también alcanzó al mercado laboral: la desocupación esperada para el cierre de 2026 aumentó del 7,5% al 7,7%.
Estas expectativas muestran que la apreciación real del peso coincide con un escenario de menor crecimiento, aunque no permiten atribuir exclusivamente al tipo de cambio la desaceleración de la actividad económica. Para las empresas que compiten con productos importados, la combinación de costos en dólares crecientes y menor dinamismo de la demanda interna puede representar una dificultad adicional para sostener sus márgenes de rentabilidad. En cambio, los sectores vinculados con recursos naturales y aquellos que utilizan bienes de capital importados cuentan con condiciones diferentes para aprovechar un dólar relativamente bajo.
El interrogante hacia 2027 es si la recuperación cambiaria gradual prevista por el mercado alcanzará para estabilizar los costos relativos o si las diferencias de competitividad entre sectores seguirán profundizándose.
