El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, atraviesa un período de alta complejidad política y militar, con tensiones en el frente externo, escándalos de corrupción en su gobierno y el surgimiento de un rival interno que reclama elecciones.
Han transcurrido cuatro años y medio desde el inicio de la guerra en Ucrania. En ese contexto, el presidente Volodimir Zelenski enfrenta múltiples desafíos simultáneos.
En el plano externo, la confrontación militar con Rusia continúa sin un acuerdo de paz a la vista. Se registra un enfriamiento en las relaciones con Estados Unidos y con parte de los aliados europeos. En el ámbito interno, se han conocido escándalos de corrupción que involucran a su círculo cercano. Además, tras una crisis en su gabinete, ha emergido un rival político que reclama la realización de elecciones.
Escalada militar y estancamiento territorial
Los ataques entre Rusia y Ucrania se han intensificado, con ambas partes atacando capitales y otros objetivos considerados estratégicos. Según datos verificados, durante julio y principios de agosto el avance ruso en el frente superó los treinta kilómetros cuadrados, sobre un frente de más de mil kilómetros. Ucrania, por su parte, realizó contraataques en la región de Zaporiyia.
Rusia mantiene como objetivo el control efectivo de la totalidad de la región de Donetsk antes de fin de año, concentrando sus unidades en las localidades de Kostiantynivka y Pokrovsk. La inteligencia militar ucraniana anticipa una nueva campaña de ataques contra infraestructura energética, nodos logísticos y la industria de defensa, de cara al otoño y al invierno. Según declaraciones de Zelenski, la defensa antiaérea recibida en este período es inferior a la de años anteriores.
Relaciones diplomáticas
No se han registrado rondas de negociaciones de paz en los últimos seis meses. El intento del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de establecer un diálogo trilateral con Vladimir Putin y Zelenski no prosperó. Tanto el Kremlin como la Casa Blanca han declarado agotados los compromisos alcanzados en Anchorage hace un año.
La relación de Ucrania con la Unión Europea presenta desgaste. En relación con los activos rusos congelados, la UE optó por un mecanismo alternativo financiado con su presupuesto común, tras la resistencia de Bélgica al llamado ‘préstamo de reparación’. Zelenski aceptó esta decisión.
Escándalos de corrupción
En noviembre pasado se destapó un escándalo en la empresa estatal Energoatom, vinculado a un desvío de aproximadamente 100 millones de dólares. El empresario Timur Mindich, vinculado a Zelenski, está implicado. Como consecuencia, los ministros de Justicia y de Energía fueron removidos. Andriy Yermak, jefe de gabinete presidencial, renunció y luego fue señalado como sospechoso.
Posteriormente, una operación de las agencias anticorrupción alcanzó a la Oficina Presidencial, con allanamientos que derivaron en la destitución de la subjefa de despacho de Zelenski. La investigación apunta a maniobras destinadas al pago de fianzas de imputados en el caso anterior.
Destitución de Fedorov y reclamo de elecciones
En julio, Zelenski destituyó a su ministro de Defensa, Mijailo Fedorov, en medio de una disputa con los altos mandos militares. Fedorov era considerado el impulsor de la transformación tecnológica del ejército y de la guerra con drones. Su salida provocó protestas en varias ciudades de Ucrania y la renuncia de asesores y mandos vinculados a ese programa.
El 18 de agosto, Fedorov difundió un video en el que mencionó una ‘crisis sistémica de gobernanza’, cuestionó la corrupción en tiempos de guerra y reclamó un mecanismo ‘legal, seguro y realista’ para restaurar el proceso democrático. Zelenski respondió que ‘no están dadas las condiciones’ para realizar elecciones y que convocarlas en este contexto sería ‘un tsunami para el país’.
El mandato de Zelenski expiró en mayo de 2024. La ley marcial ha sido el fundamento para postergar la convocatoria a elecciones, decisión que fue aceptada por la sociedad y por los aliados internacionales.
Contexto adicional
La situación de Zelenski se caracteriza por una fragilidad en su legitimidad, sostenida en la excepcionalidad de la guerra. La prolongación del conflicto, sin un horizonte de resolución, coincide con los escándalos de corrupción y la postergación indefinida de las elecciones. No se anticipa un colapso inmediato del gobierno ucraniano ni de su posición en el frente militar.
