En un almuerzo de trabajo de la Fundación Mediterránea en Córdoba, los economistas Marcelo Capello y Gustavo Reyes expusieron su diagnóstico sobre el rumbo fiscal, el cambio estructural y el riesgo electoral que percibe el mercado.
La Fundación Mediterránea realizó en Córdoba un almuerzo de trabajo en el que dos economistas del IERAL expusieron su análisis sobre la economía argentina a dos años del inicio del gobierno de Javier Milei. Marcelo Capello, vicepresidente de la entidad, se centró en la cuestión fiscal y el cambio estructural; Gustavo Reyes, economista jefe, abordó la sostenibilidad del programa económico y la tensión financiera reciente.
Capello: equilibrio fiscal y desafíos pendientes
Capello describió una macroeconomía «relativamente bien» y una microeconomía «muy heterogénea». Desde noviembre de 2023, la producción consolidada creció cerca de 5%, con avances en pesca, energía, minería y agro, pero caídas en construcción e industria, especialmente en ramas protegidas como textiles (-40%) y minerales no metálicos (-24%). En el mercado laboral, se perdieron 240.000 empleos formales en industria y 80.000 públicos, mientras crecieron el empleo informal (263.000) y el monotributo (161.000). «Lo que no cabe duda es que empeoró la calidad del empleo», afirmó.
El economista señaló que las grandes crisis argentinas desde 1949 hasta 2001 y 2018 se explican por reservas bajas del Banco Central y déficit fiscal alto. Destacó un cambio de fondo: el salto exportador (10.000 millones de dólares más en el primer semestre de 2025 respecto de 2024) y la proyección de superávit energético y minero de 50.000 millones de dólares hacia 2030, impulsado por acuerdos como el de la Unión Europea y la geopolítica energética. En lo fiscal, mencionó tres años de equilibrio nacional, pero advirtió que catorce provincias volvieron al déficit y que el ajuste del gasto fue «tres veces mayor» en la Nación que en las provincias.
Los desafíos pendientes incluyen reducir impuestos distorsivos como Ingresos Brutos, recomponer la inversión pública (cayó de 3% a 1,6% del PBI) y reformar el sistema previsional. Capello ejemplificó que un monotributista de la categoría más baja que aporta 30 años solo cubre el 11% de la jubilación mínima, y propuso cuentas individuales administradas por el Estado, sin repetir el esquema de los 90. Comparó el nivel actual del dólar con referencias históricas para sostener que la divisa «no necesita una fuerte devaluación» a futuro.
Reyes: el «pánico» del mercado por el riesgo electoral
Gustavo Reyes planteó la sostenibilidad del programa económico. Repasó el diagnóstico de largo plazo: entre 1950 y 2023, la Argentina creció menos que el promedio mundial y que América Latina en todas las décadas salvo en los 90. En los últimos dos años, la productividad mejoró y la recuperación estuvo liderada por exportaciones, con inversión y empleo débiles.
Para la sostenibilidad, Reyes propuso dos condiciones: reducir la probabilidad de crisis y acelerar el crecimiento. Reconoció mejoras en reservas (unos 50.000 millones de dólares, o 70.000 con el swap con Estados Unidos) y en cuentas externas, pero advirtió que la confianza en el rumbo fiscal es clave. Mostró que dos bonos soberanos con vencimientos antes y después de las elecciones de octubre pagan tasas diferentes: la del bono más largo casi duplica a la del más corto. Esa brecha, descontado el plazo, es «riesgo electoral» puro. «Los mercados se adelantan a esto», sintetizó: si no hay confianza en que el ajuste sea permanente, «esto se acaba».
Ese temor contrasta con los datos de confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella, similares a los de septiembre pasado. Reyes interpretó que el mercado tiene una mirada retrospectiva: el nivel de confianza actual es parecido al de Mauricio Macri y Cristina Kirchner cuando perdieron elecciones clave, aunque para una reelección debería subir más. Cerró con un diagnóstico de oportunidad condicionada: precios de exportación favorables, fundamentos ordenados y demanda mundial sólida, empañados por el riesgo político. «Estamos en la Argentina», resumió, y concluyó que 2027 tiene «un final totalmente abierto»: si el resultado electoral consolida el rumbo, el riesgo país debería bajar; si no, la incertidumbre continuará.
