El Banco Central reportó que la irregularidad del crédito a las familias subió al 12,8% en mayo, la decimonovena suba mensual consecutiva. Según el vicepresidente Vladimir Werning, la mora tocó pico en el segundo trimestre de 2026.
La irregularidad del crédito a las familias alcanzó en mayo el 12,8%, el mayor nivel en más de veinte años y la decimonovena suba mensual consecutiva. En octubre de 2024 era del 2,5%. Sin embargo, el 2 de junio, en el 43° Congreso Anual del IAEF, Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central, sostuvo que “la mora bancaria ha tocado pico en el segundo trimestre de 2026” y que el ciclo de expansión del crédito al sector privado “está próximo a avanzar”.
El ratio de irregularidad es un cociente entre la cartera en situación irregular y la cartera total, y ambos términos se mueven con rezago. Un crédito ingresa a la categoría irregular recién después de noventa días de atraso: lo que se observa en mayo refleja, en buena medida, decisiones y capacidad de pago de febrero. A eso se suma un efecto de acumulación. El deudor que ingresa al stock deteriorado permanece allí durante meses y, con frecuencia, años, hasta que regulariza su situación o la entidad castiga el crédito contablemente. El ratio tiene, por lo tanto, una inercia considerable y es una fotografía del daño acumulado, no un termómetro del presente.
La lectura agregada suma un segundo problema porque mezcla universos heterogéneos. Detrás del 12,8% conviven los préstamos personales, con una irregularidad del 15,9%; las tarjetas de crédito con el 13,1% y los prendarios, con el 7,7%; frente a los hipotecarios, que apenas llegan al 1,6%. La mora del crédito a empresas, en paralelo, se ubica en 3,5%. El deterioro está concentrado en el financiamiento sin garantía destinado al consumo cotidiano de los hogares de menores ingresos.
El flujo de entrada se está agotando. El Banco Central construye un indicador complementario, la Probabilidad de Default Estimada (PDE), que mide qué proporción del saldo que se encontraba en situación regular tres meses atrás pasó a situación irregular. La diferencia conceptual es sustancial porque, mientras el ratio de irregularidad mide el stock del problema, la PDE mide el flujo de deudores que empiezan a deteriorarse. Por su diseño, anticipa al ratio en aproximadamente un trimestre. En abril la PDE del sector privado total se redujo por tercer mes consecutivo hasta 2,6% y la PDE del crédito a las familias en 4,4%, medio punto por debajo del pico de enero.
El fundamento de esa mejora es un filtro más severo. Alrededor de seis millones de personas quedaron excluidas de tomar crédito nuevo por registrar algún préstamo impago y más de una cuarta parte de quienes tomaron préstamos en los últimos años dejó de ser sujeto de crédito. Las originaciones actuales se concentran en un universo previamente depurado, con un perfil de riesgo sustancialmente mejor que el de 2024 y 2025. El Banco Central describe este proceso como un ciclo crediticio “más selectivo, saludable y sostenible”.
El efecto depuración: el propio Central atribuye la moderación del ratio a una menor tasa de variación del saldo real en situación irregular. La cartera problemática sigue creciendo, pero cada vez más lento. Opera además un efecto de depuración, con la mora concentrándose en préstamos personales y tarjetas, instrumentos de plazo corto, de modo que el stock deteriorado envejece, migra hacia las categorías irrecuperables y termina siendo castigado, saliendo del cociente.
El stock de préstamos dejó de caer. En mayo el crédito en pesos al sector privado creció 0,3% real, cortando cuatro meses consecutivos de contracción. Para que el ratio descienda, el saldo total debe crecer más rápido que el saldo en mora. La recuperación es hoy asimétrica, traccionada por las líneas comerciales, que subieron 1,4% real, y por aquellas con garantía real, con 1%, mientras el crédito al consumo se redujo 1,1%.
Las tres fuerzas apuntan al mismo lugar y la discusión es cuándo y a qué velocidad comenzará a descender el ratio. El sistema financiero está preparado para el tramo final del deterioro: las previsiones cubren el 86,3% de la cartera irregular y el crédito irregular neto de previsiones representa apenas el 2,2% del capital regulatorio. El riesgo relevante hacia adelante no es de solvencia bancaria sino de capacidad de financiamiento del consumo. Millones de personas fuera del crédito formal constituyen una restricción sobre la demanda de los próximos trimestres, mucho después de que el ratio haya comenzado a caer.
Por Damián Falcone, profesor de Gestión del Riesgo en IAE Business School y autor de su Informe Económico Mensual.
