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Elon Musk proyecta un futuro de producción automatizada e ingreso universal

El empresario Elon Musk afirmó en una entrevista con The Economist que la inteligencia artificial y la robótica podrían producir casi todos los bienes y servicios en una década, con ingreso universal y tiempo libre abundante. La declaración reabre el debate sobre el sentido de la vida en un escenario de abundancia material.

El empresario Elon Musk afirmó en una entrevista reciente con The Economist que, en aproximadamente una década, la inteligencia artificial y la robótica podrían producir casi todos los bienes y servicios, y que las personas dispondrían de abundante tiempo libre y un ingreso universal que cubriría sus necesidades.

La declaración de Musk reaviva una discusión que, según el sociólogo y psicólogo social autor de esta nota, tiene raíces históricas. El texto cita al poeta griego Píndaro, quien hace más de dos mil años invitaba a “llegar a ser quien uno es”, y a José de San Martín, quien escribió: “Serás lo que debas ser, o si no, no serás nada”. Ambas frases, según el autor, apuntan a la idea de que la libertad se vincula con el descubrimiento de la identidad propia.

El artículo sostiene que Occidente ha asociado la libertad con la seguridad material, y menciona la ironía de Friedrich Nietzsche sobre “la felicidad de los ingleses” como una existencia cómoda, ordenada y previsible. El autor plantea que la revolución tecnológica actual obliga a preguntarse si esa concepción de libertad es suficiente.

Según el texto, cuando se consulta a las personas sobre su concepto de libertad, las respuestas suelen referirse a la posibilidad de viajar, consumir o hacer lo que desean. El autor advierte que los algoritmos condicionan los deseos, capturan la atención y moldean decisiones, y que existe el riesgo de confundir autonomía con comodidad.

El artículo describe que durante el tiempo libre las personas permanecen aisladas frente a pantallas y que durante la jornada laboral responden a exigencias crecientes. Compara esa situación con la fábula del lobo hambriento y el perro bien alimentado: uno pasa hambre, el otro vive atado.

En el escenario de producción automatizada e ingresos garantizados, el autor plantea la pregunta de qué harían las personas con su existencia. Sostiene que una sociedad educada para consumir, competir y producir, pero no para crear, cooperar o conocerse, difícilmente encuentre sentido en la abundancia.

El texto cita a Antonio Gramsci: “la crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no termina de nacer, en ese interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”. El autor menciona que tanto líderes políticos como billonarios tecnológicos impulsan iniciativas con “marcados rasgos psicopáticos”, aunque no especifica nombres ni medidas.

El artículo propone reformular los sistemas educativos para estimular la creatividad, la solidaridad y el pensamiento crítico, en lugar de preparar a los jóvenes para un incierto mundo laboral. También sugiere valorizar los trabajos socialmente útiles por sobre los mercantilmente útiles, mediante estímulos o condicionantes para acceder al ingreso universal, y sostiene que ello supone la existencia de un Estado.

El autor concluye que el mayor riesgo de la transición no sería económico ni tecnológico, sino espiritual y cultural. Advierte sobre la posibilidad de que las personas se conviertan en ciudadanos abastecidos, entretenidos y eficientes, pero interiormente vacíos y dependientes de sistemas diseñados.

La pregunta final del artículo es si las personas podrán usar la libertad material para convertirse en quienes realmente son, o solo para consumir lo que los algoritmos marcan. El autor sostiene que la inteligencia artificial no podrá responder a la pregunta de Píndaro sobre la identidad.

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