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Las plantas con fama de atraer dinero, proteger la casa o espantar la mala suerte: qué hay detrás de esas creencias

Desde rituales para atraer la prosperidad hasta flores que cargan con una injusta fama, la naturaleza sigue siendo un refugio de símbolos y mitos populares.

Las plantas tienen la capacidad de despertar emociones, evocar recuerdos y transformar espacios. Pero, además, algunas cargan con una mochila mucho más pesada: supersticiones, rituales y creencias que se transmitieron de generación en generación y que todavía influyen en la forma en que elegimos qué plantar, dónde hacerlo y con qué sentido.

No importa si el jardín está diseñado con criterios paisajísticos, si sigue los principios del feng shui o si simplemente crece al ritmo de la intuición. En algún momento siempre aparece alguien que recomienda poner una ruda detrás de la puerta, regalar un árbol de jade para atraer prosperidad o evitar las hortensias si hay una hija soltera en la familia.

Más allá de que ninguna de estas creencias tenga respaldo científico, todas hablan de algo profundamente humano: la necesidad de encontrar símbolos de protección, esperanza y buena suerte en la naturaleza.

La gran protectora del hogar

Pocas plantas tienen una reputación tan fuerte como la ruda (Ruta graveolens). En buena parte de América Latina se la considera una barrera contra el mal de ojo, la envidia y las malas energías. Por eso es habitual verla plantada cerca de la entrada de las casas o en patios donde, según la tradición, actuaría como una guardiana silenciosa.

Incluso existen rituales muy establecidos, como regalar una ruda macho o beber caña con ruda cada primero de agosto para atraer salud y alejar la mala suerte.

Son costumbres profundamente arraigadas en la cultura popular, aunque sin fundamento científico.

Aromáticas que también protegen

El romero (Salvia rosmarinus) fue considerado desde la antigüedad una planta de protección y purificación. En distintas culturas europeas se utilizaba para perfumar ambientes, acompañar ceremonias y simbolizar la memoria y la fidelidad. Esa carga simbólica hizo que todavía hoy muchas personas crean que tener un romero cerca de la puerta ayuda a preservar la armonía del hogar.

El romero contiene aceites esenciales, como el 1,8-cineol, el alcanfor y el α-pineno, responsables de su aroma intenso, fresco y resinoso. Al quemarse, desprende un perfume muy característico que muchas personas encuentran agradable y asociado a la limpieza.

La albahaca (Ocimum basilicum) también acumula significados muy distintos. Mientras en algunas tradiciones representa prosperidad y abundancia, en otras se vincula con el amor, la hospitalidad y la buena suerte, quizás por eso sigue siendo una de las aromáticas más cultivadas en patios y balcones.

Plantas que prometen suerte

Si existe una planta asociada con el dinero, es el árbol de jade (Crassula ovata). Sus hojas redondeadas parecen pequeñas monedas y, dentro del feng shui, simbolizan crecimiento económico, éxito y abundancia. No es casual que muchas personas lo regalen cuando alguien inaugura una casa, abre un comercio o comienza un nuevo proyecto.

Algo similar ocurre con el llamado bambú de la suerte (Dracaena sanderiana). Aunque botánicamente no es un verdadero bambú, se convirtió en uno de los grandes emblemas de la buena suerte. Según la tradición oriental, la cantidad de tallos puede representar distintos deseos, desde salud y felicidad hasta prosperidad o longevidad.

El potus (Epipremnum aureum), una de las plantas de interior más populares por su resistencia, también fue incorporado a este imaginario como símbolo de crecimiento y abundancia, probablemente por la facilidad con la que se expande y llena los espacios de verde.

Y si de suerte se trata, el trébol de cuatro hojas ocupa un lugar especial. Su rareza —aparece de forma excepcional entre miles de tréboles comunes— explica buena parte de la fascinación que despierta desde hace siglos.

Espantar la mala energía

Algunas especies no prometen riqueza, sino protección. La lengua de suegra (Dracaena trifasciata), una de las plantas de interior más resistentes, suele aparecer en listas de especies capaces de absorber o bloquear energías negativas. Curiosamente, esa reputación convive con otra explicación mucho más terrenal: su extraordinaria capacidad para sobrevivir en condiciones adversas la convirtió en un símbolo de fortaleza.

Los cactus también generan opiniones divididas. Hay quienes creen que sus espinas funcionan como una barrera contra las malas energías y quienes sostienen exactamente lo contrario, por lo que desaconsejan ubicarlos en determinados sectores de la casa. La diversidad de interpretaciones demuestra que las supersticiones, como las plantas, también evolucionan y cambian según la cultura.

A lo largo de la historia, las plantas fueron elegidas para representar aquello que resulta difícil controlar: la salud, el amor, la prosperidad, la protección o la buena fortuna.

La superstición que se niega a desaparecer

Pocas especies ornamentales arrastran una fama tan persistente como la hortensia (Hydrangea macrophylla). En Argentina, España y otros países todavía circula la creencia que dice que tener una hortensia en el jardín o regalar un ramo de estas flores puede hacer que las hijas de la casa tarden en casarse o no encuentren pareja.

No existe evidencia histórica clara sobre el origen de esta superstición. Algunas teorías la relacionan con el lenguaje victoriano de las flores, donde la hortensia llegó a asociarse con la frialdad o la vanidad. Otras apuntan a antiguas tradiciones populares europeas. De una u otra manera, el mito sobrevivió mucho más que cualquiera de sus posibles explicaciones.

Paradójicamente, hoy las hortensias viven un verdadero auge en el paisajismo gracias a sus grandes inflorescencias, su prolongada floración y su enorme valor ornamental.

Más que plantas, símbolos

Las supersticiones rara vez hablan de botánica; hablan de las personas. A lo largo de la historia, las plantas fueron elegidas para representar aquello que resulta difícil controlar: la salud, el amor, la prosperidad, la protección o la buena suerte. Sus formas, aromas, colores o maneras de crecer terminaron cargándose de significados que pasaron de generación en generación.

Creer o no en esas historias queda en manos de cada jardinero. Lo que nadie puede discutir es que esas especies siguen ocupando un lugar privilegiado en nuestros jardines, no solo por su belleza, sino también por todo lo que representan.

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