Guatemala es el país más poblado de Centroamérica, con entre 18.2 y 18.5 millones de habitantes, pero Panamá y Costa Rica presentan un PIB per cápita superior, según datos demográficos y económicos recientes.
Guatemala es el país más poblado de Centroamérica, con entre 18.2 y 18.5 millones de habitantes, según cifras de Worldometers. Ese liderazgo demográfico explica su peso regional, aunque no se traduce automáticamente en mayor riqueza por persona ni en los mejores indicadores de libertad económica.
En conjunto, el istmo suma alrededor de 53 millones de habitantes. Detrás de Guatemala aparecen Honduras, con entre 10.2 y 10.7 millones; El Salvador, con entre 6.5 y 7.1 millones; Nicaragua, con entre 6.9 y 7 millones; Costa Rica, con 5.3 millones; Panamá, con 4.5 millones; y Belice, con entre 450 mil y 460 mil.
Ese volumen poblacional supera al de California, que ronda los 39 millones de habitantes. El contraste económico es mayor: el PIB californiano es 10 veces superior al de todos los países centroamericanos juntos, y su PIB per cápita es entre 12 y 14 veces más alto.
El Salvador concentra la mayor densidad y Guatemala tiene la población más joven
Aunque El Salvador ocupa el cuarto lugar por número de habitantes, aparece como el país más densamente poblado del istmo. La razón es geográfica: tiene la menor superficie de la región.
El caso opuesto es Nicaragua, descrito como el país más extenso físicamente de Centroamérica y, al mismo tiempo, mucho menos poblado por kilómetro cuadrado. Esa diferencia resume una de las principales asimetrías demográficas del bloque.
La estructura por edades también marca distancias entre países. Guatemala tiene la población más joven del istmo, con una edad mediana de 23.8 años y una pirámide demográfica de base ancha.
En el otro extremo está Costa Rica, cuya transición demográfica aparece más avanzada. El texto la ubica con una edad mediana superior a 34 años y una población más envejecida que la del resto de la región.
La urbanización avanza en todo el istmo. Honduras y Guatemala ya concentran cerca del 57% y 58% de sus habitantes en metrópolis y cabeceras departamentales.
Panamá y Costa Rica superan a Guatemala en riqueza por habitante
Guatemala es la economía más grande de Centroamérica, pero atribuye ese tamaño principalmente a su mayor población. Medido por habitante, Panamá y Costa Rica presentan un PIB per cápita superior.
La diferencia importa porque el tamaño total de una economía no equivale al nivel de bienestar individual. El ingreso por persona ofrece una medida más útil para aproximarse a la riqueza disponible por habitante.
Panamá aparece como un centro financiero que atrae capital por su apertura y por sus bajas barreras a la inversión extranjera. Costa Rica, por su parte, es descrita como un destino para sedes regionales de multinacionales y para inversiones tecnológicas.
Ambos países, aun con carencias de desarrollo, figuran como los que más se están separando del resto del bloque en capacidad de atraer inversión extranjera. Ese desempeño se apoya en condiciones institucionales y económicas distintas a las de sus vecinos.
Costa Rica encabeza el índice de libertad económica de 2023
De acuerdo con el índice de libertad económica del Fraser Institute con datos de 2023, Costa Rica lidera Centroamérica al ubicarse en el puesto 14. Le siguen Panamá, en el 27; Guatemala, en el 28; El Salvador, en el 58; Honduras, en el 64; Nicaragua, en el 92; y Belice, en el 119.
Esa medición se limita a la libertad económica y no incorpora otras libertades. También sostiene que las posiciones responden a fortalezas y debilidades específicas de cada país.
En Costa Rica, los puntos fuertes son un Estado de derecho sólido y una economía abierta y estable. Sus debilidades se concentran en el tamaño del gobierno, la alta carga fiscal y el gasto público.
En Panamá, la ventaja está en una economía muy abierta, un sistema financiero fuerte y menores barreras a la inversión extranjera. Su fragilidad está en la debilidad del sistema judicial.
Guatemala combina un gobierno pequeño y baja carga tributaria con una economía relativamente abierta. Su principal problema es una debilidad institucional descrita como muy profunda.
El Salvador mejora en estabilidad económica y apertura comercial, pero el texto le atribuye incertidumbre institucional y dependencia de decisiones centralizadas. Honduras mantiene apertura relativa y bajos costos, aunque con instituciones débiles.
Nicaragua conserva cierta estabilidad macroeconómica, pero aparece condicionado por la ausencia de un verdadero Estado de derecho, la intervención política arbitraria y una menor libertad económica. Belice, pese a una economía relativamente abierta y menor intervención estatal, enfrenta el límite de un mercado interno muy pequeño.
El cierre analítico del texto plantea una relación directa entre libertad económica e ingresos por habitante. Su tesis central es que un Estado de derecho más sólido permite mayor crecimiento económico y una mejora más amplia del bienestar de la población regional.
