Una operación policial en el Instituto de Filosofía de la Academia Rusa de Ciencias derivó en la detención de una investigadora. En paralelo, el gobierno ruso clasificó a una asociación académica como organización indeseable, lo que implica sanciones penales para colaboradores.
Una operación de la policía rusa en el Instituto de Filosofía de la Academia Rusa de Ciencias derivó en la detención de la académica Svetlana Mesyats, quien permaneció cuatro días detenida y luego fue puesta bajo arresto domiciliario. Según informaron fuentes oficiales, la medida se tomó por un error administrativo vinculado a una subvención pública destinada a la traducción de obras de Aristóteles. Los investigadores sostienen que los responsables del proyecto no entregaron los textos finalizados, que incluían traducciones de tratados inéditos. Mesyats, doctora en filosofía, negó las acusaciones. En caso de ser declarada culpable, la pena podría alcanzar los 10 años de prisión.
El 3 de marzo, las autoridades rusas catalogaron a la Asociación Académica de Ciencia de Habla Rusa (RASA, por sus siglas en inglés) como “organización indeseable”. Esta clasificación implica penas de hasta cuatro años de prisión para quienes colaboren con la asociación y de hasta seis años para sus organizadores. Directivos como Sergei Erofeyev, Alexander Kabanov e Igor Efimov fueron señalados como “agentes extranjeros” debido a sus posiciones críticas sobre la invasión a Ucrania y sus vínculos internacionales, según reportó el medio independiente T-Invariant.
En un artículo publicado en The Moscow Times titulado “El Kremlin teme a los académicos porque son antitéticos a la autocracia”, la periodista Alexandra Borissova Saleh afirmó que desde 2021 la presión sobre la comunidad científica en Rusia ha aumentado. La resistencia al intento de imponer un director cercano al poder en el Instituto de Filosofía marcó el inicio de una etapa de vigilancia y represalias, según T-Invariant. En 2021, el filósofo conservador Aleksandr Duguin y el multimillonario ortodoxo Konstantin Malofeyev impulsaron la designación de un director interino que perdió el cargo dos semanas después. Desde entonces, el canal de televisión Tsargrad, propiedad de Malofeyev, inició una campaña de desprestigio contra el Instituto, calificándolo de “centro para la destrucción de Rusia”.
Las leyes recientes en Rusia establecen sanciones y detenciones para quienes pertenezcan a organizaciones declaradas subversivas o reciban financiamiento externo. Esta situación implica que actividades como publicar investigaciones o dialogar con colegas extranjeros pueden ser consideradas un riesgo legal, según reportaron medios independientes.
En respuesta a este contexto, Europa impulsa iniciativas como “Choose Europe for Science” y programas de movilidad académica, aunque los recursos son limitados. Paralelamente, economías emergentes como China y Estados del Golfo invierten en infraestructuras científicas y ofrecen condiciones laborales menos restrictivas, de acuerdo con Saleh, quien fue directora de comunicaciones de la RASA.
