El 27 de mayo de 1962, una quema de basura municipal en Centralia, Pensilvania, desató un incendio subterráneo en vetas de carbón antracita que continúa activo hasta hoy, obligando a la evacuación total del pueblo y generando un desastre ambiental y humano.
El 27 de mayo de 1962, en Centralia, Pensilvania, una quema de basura municipal inició un incendio en una veta subterránea de carbón antracita. El fuego continúa activo a más de 90 metros de profundidad, con temperaturas superiores a los 500 grados centígrados, y se expande a un ritmo de 23 metros por año, afectando más de 15 kilómetros cuadrados.
El origen del incendio fue una quema controlada de desechos en una antigua fosa minera a cielo abierto, realizada para eliminar roedores y olores antes de las celebraciones del Día de los Caídos. Según informes, el ayuntamiento conocía que la fosa conectaba con túneles subterráneos y que la legislación estatal prohibía quemar basura allí. Para evitar multas, se comunicó el siniestro como un incendio de origen desconocido, retrasando la intervención estatal.
Tras la quema, los bomberos apagaron el fuego superficial, pero días después se reavivó. Se descubrió una abertura oculta que conectaba el basural con galerías mineras abandonadas, alimentando el fuego con vetas de antracita. En el verano de 1962, el monóxido de carbono comenzó a filtrarse por grietas y pozos de ventilación, forzando el cierre de yacimientos cercanos.
Los intentos de contención incluyeron perforaciones para inyectar barreras de roca, pero abrieron conductos que oxigenaron el fuego, expandiendo la combustión. Para 1979, John Coddington, dueño de una estación de servicio, midió la temperatura de sus tanques subterráneos y encontró que la nafta hervía a casi 78 °C. Registros oficiales detectaron temperaturas superiores a los 700 °C bajo tierra.
El 14 de febrero de 1981, Todd Domboski, de 12 años, cayó en un socavón de 45 metros de profundidad mientras caminaba por el jardín de su abuela, pero logró salvarse al aferrarse a las raíces de un árbol. El incidente llevó al gobierno federal a intervenir. Estudios geológicos concluyeron que extinguir el incendio costaría cientos de millones de dólares, superando el costo de reubicar a los habitantes.
A partir de mediados de la década de 1980, comenzaron las evacuaciones con compensaciones económicas. En 1992 se decretaron expropiaciones obligatorias. En octubre de 2013, se firmó el «Acuerdo de Vida», que indemnizó a los últimos siete residentes y les permitió habitar sus propiedades hasta su muerte. Actualmente, cuatro pobladores permanecen en el lugar.
La comunidad se dividió entre quienes querían huir y quienes se resistían a abandonar sus hogares. Las discusiones y reproches destruyeron el espíritu comunitario. Las casas vacías fueron demolidas para evitar accidentes estructurales. Hoy, el trazado urbano es un desierto con pocas viviendas habitadas.
La Iglesia Católica Ucraniana de la Asunción de la Santísima Virgen María sobrevivió intacta por estar edificada sobre una colina de roca sólida aislada de las vetas de carbón. La Ruta 61 de Pensilvania se deformó por el calor y los hundimientos, y fue conocida como «Graffiti Highway» hasta ser cubierta con tierra en 2020.
Se estima que el fuego tiene combustible para arder durante los próximos 250 años. El incidente ha sido documentado por medios internacionales y ha inspirado obras de ficción como la franquicia Silent Hill.
