La variedad de uva blanca más cultivada en Argentina alcanzó niveles inéditos de calidad, según críticos y productores, con estilos que priorizan la frescura y la expresión del terroir.
El Chardonnay argentino “dejó de ser solamente ‘rico’ para empezar a ser profundo”, sostuvo Alejandro Vigil, enólogo de las bodegas Catena Zapata y El Enemigo, cuyo Chardonnay White Bones obtuvo 100 puntos de la crítica internacional. En el marco del Día Internacional del Chardonnay, su declaración refleja un escenario en el que la variedad reina entre las blancas alcanza niveles inéditos en la vitivinicultura argentina.
“El Chardonnay argentino cambió muchísimo. Y para mí cambió cuando dejó de querer parecerse a otro lugar –explicó Vigil–. Durante muchos años lo que se buscaba era volumen, madera, madurez. Nuestros Chardonnay eran más hijos de California que de la montaña. El resultado era un blanco con mucha fruta tropical, manteca, alcohol. Después empezó otra búsqueda. Nos dimos cuenta de que el Chardonnay podía ser uno de los vinos que mejor tradujera la montaña argentina”.
Según Vigil, el resultado son “vinos con menos madera nueva y menos maquillaje, que se obtienen de cosechas más tempranas con más trabajo sobre la textura y la acidez. Empezamos a buscar energía más que peso en la boca. Estos nuevos Chardonnay son vinos tensos, filosos, salinos. Creo que la Argentina hoy hace algunos de los Chardonnay más interesantes del mundo, porque mezcla cosas difíciles de encontrar juntas: altura extrema, mucha luz, noches frías, suelos calcáreos y una fruta que todavía conserva alegría”.
Juan Pablo Murgia, gerente enológico de Rutini Wines, precisó: “Hoy vemos Chardonnay con mayor tensión, acidez natural y definición aromática, impulsados por el crecimiento de regiones de altura y zonas más frías, como Gualtallary (Valle de Uco, Mendoza), Patagonia o la Costa Atlántica. El consumidor internacional también influyó en esta transformación, demandando vinos más elegantes y gastronómicos. En ese contexto, la Argentina logró posicionar al Chardonnay como una variedad capaz de combinar frescura, textura y complejidad, con una identidad propia que hoy resulta mucho más diversa y sofisticada”.
Jorge Cabeza, enólogo de Bodegas Salentein, agregó: “El Chardonnay volvió a ganar un lugar muy importante dentro de los vinos argentinos. Hoy vemos consumidores que buscan vinos más frescos, equilibrados y fáciles de disfrutar, y eso también impulsó una evolución muy interesante en el estilo de los Chardonnay, con perfiles más elegantes y enfocados en la expresión del lugar”.
Vigil completó: “Es que también cambió la cabeza del consumidor. Antes el blanco era visto como algo menor o simple. Hoy hay gente guardando Chardonnay argentino 10 años. Y eso hace 20 años parecía una locura”.
Alberto Arizu (h), cuarta generación y presidente ejecutivo de Luigi Bosca, comentó: “El Chardonnay es una variedad que seduce y atrae poderosamente por su ductilidad. Desde Chablis a Mersault o desde Napa al Valle de Uco, muestra una personalidad y carácter que va adquiriendo según los distintos terroirs. Sigue siendo el patrón con el que se miden los vinos blancos del mundo”.
En la Argentina conviven hoy dos modelos de Chardonnay. Por un lado, los de estilo “old school” asociados al perfil californiano, con aromas de vainilla y manteca. Por otro, blancos en los que prima la textura sobre el volumen y la frescura es un valor en sí mismo, que buscan mostrar en la copa el lugar de origen. Si bien en la base de la pirámide de precios tienden a estar sobrerrepresentados los primeros, mientras que en los de súper alta gama priman los segundos, los blancos old school son cada vez menos pesados y más fáciles de beber.
Ejemplos en valores accesibles incluyen La Flor Chardonnay ($12.000), Salentein Numina Chardonnay ($19.600), Terrazas de los Andes Origen Gualtallary Chardonnay ($22.600) y Gran Sombrero Chardonnay ($23.000). En alta gama se encuentran Luigi Bosca De Sangre Chardonnay ($42.200), Ribera del Cuarzo Clásico Chardonnay ($52.500), Rutini Single Vineyard Chardonnay Gualtallary ($60.000), Viña Cobos Vinculum Chardonnay ($75.000), Viña Artesano Nassella Chardonnay ($84.000), María Carmen Chardonnay ($94.300), Catena Zapata White Bones Chardonnay ($154.000) y Zuccardi Finca Las Cuchillas Chardonnay ($205.600).
“Creemos que hoy el gran desafío del Chardonnay argentino pasa por lograr vinos con identidad propia y proyección internacional. En ese camino, buscamos Chardonnay refinados, gastronómicos y con capacidad de evolución, que reflejen tanto la calidad del terroir como una mirada contemporánea de la variedad”, concluyó Murgia.
Como epílogo, se menciona el Karas Single Vineyard Chardonnay ($91.700), proveniente del Valle de Ararat, Armenia, donde se produce vino desde hace más de 6200 años.
Beber con moderación. Prohibida su venta a menores de 18 años.
