El reconocido inmunólogo Enrique Esteve explica cómo la inflamación crónica de bajo grado condiciona el envejecimiento y ofrece claves para diferenciar entre edad cronológica y biológica.
El reconocido inmunólogo Enrique Esteve volvió a poner sobre la mesa una idea cada vez más repetida en medicina del envejecimiento: que no basta con cumplir años para envejecer, sino que importa cómo se envejece. El especialista sostiene que el proceso está muy condicionado por la llamada inflamación crónica de bajo grado, una activación persistente del sistema inmune que no siempre da señales evidentes, pero que puede ir erosionando el organismo con el tiempo.
“El envejecimiento está muy marcado por la inflamación de bajo grado”, afirma. La idea central de Esteve se apoya en un concepto que la literatura científica conoce como inflammaging, un término que une inflamación y envejecimiento. No se refiere a la inflamación aguda, útil para defender al cuerpo de una infección o reparar un tejido, sino a una forma más sutil, “leve, persistente y sostenida”, como la describe el inmunólogo.
Ese estado inflamatorio de fondo se asocia con un peor envejecimiento biológico y con un mayor riesgo de enfermedades vinculadas a la edad. Revisiones científicas y materiales de divulgación médica de Harvard coinciden en que ese fenómeno puede contribuir al deterioro funcional y a patologías cardiovasculares, metabólicas, neurodegenerativas y autoinmunes.
Esteve resume su postura con otra frase potente: “envejecer bien significa, en gran medida, inflamarse menos”. Esa formulación no implica que toda inflamación sea mala ni que pueda eliminarse por completo. De hecho, él mismo aclara que “la inflamación no es nada malo en sí mismo” y que se trata de una “herramienta de defensa” necesaria para el organismo. El problema aparece cuando ese mecanismo queda activado más tiempo del debido o se desregula. Ahí deja de ser protección y pasa a convertirse en desgaste.
Uno de los puntos más interesantes de su explicación es que intenta separar lo normal de lo que no debería banalizarse. Esteve advierte que hay síntomas que muchas personas atribuyen sin más a “hacerse mayor”, cuando podrían estar reflejando un proceso inflamatorio que conviene estudiar. En una entrevista, el experto menciona señales como cansancio persistente, pérdida de apetito, febrícula, pérdida de peso, dolor articular que no mejora con reposo, rigidez matutina, sarpullidos, molestias abdominales, distensión o cambios intestinales. Su mensaje es claro: no todo malestar en la mediana edad o en la vejez debe darse por inevitable.
Además, el inmunólogo introduce una distinción importante entre edad cronológica y edad biológica. Según su planteo, hay personas que pueden tener más años en el calendario y, sin embargo, mostrar un envejecimiento más favorable porque mantienen “mejor control inflamatorio”. Esa observación encaja con la evidencia actual: el envejecimiento no avanza al mismo ritmo en todos los cuerpos, y parte de esa diferencia puede explicarse por la capacidad del organismo para contener esa inflamación silenciosa que se acumula con el tiempo.
Por eso, más que lanzar una frase impactante, Esteve está resumiendo una visión completa del envejecimiento. Cuando dice que “envejecer significa inflamarse menos”, lo que propone es mirar el paso del tiempo desde la biología real del cuerpo y no solo desde la edad. Su enfoque sugiere que llegar a viejo no depende únicamente de sumar años, sino también de evitar que esa inflamación de bajo grado se vuelva la música de fondo permanente del organismo.
