La ala pivot tucumana, de 31 años, es la máxima anotadora y la de mayor valoración del torneo, mientras su equipo, Chañares, disputa las semifinales. Su llegada al pueblo cordobés de 6.000 habitantes marcó un hito deportivo y social.
James Craik, un pueblo cordobés de 6.000 habitantes ubicado 116 kilómetros al sudeste de la capital provincial, vive en estos días una pequeña revolución motorizada por el equipo de básquetbol del club Chañares, que está disputando una de las semifinales de la Liga Femenina. En ese conjunto, donde conviven jugadoras profesionales y amateur, una de ellas se destaca por su rendimiento superlativo: Stefanía Lucero.
Con registros promedio de 20,2 puntos (máxima anotadora del certamen), 9,2 rebotes, 2,6 asistencias, 2,7 robos y 20,9 de valoración (también líder en ese departamento estadístico), la ala pivot nacida en San Miguel de Tucumán el 20 de noviembre de 1993 se ha convertido en una de las figuras del torneo. Hace poco menos de cuatro años, se transformó en la primera mujer trans en competir en la Liga.
“Estamos muy orgullosas de la temporada que estamos haciendo. Muchas jugadoras del equipo no son profesionales, trabajan y se les complica el entrenamiento. Tratamos de adaptarnos a lo que ellas pueden dar, nos acoplamos muy bien y hoy somos todas amigas, estamos muy unidas las jugadoras y los entrenadores. Esa unión y la confianza entre nosotras fueron las claves. Formamos un grupo hermoso, una hermandad, no hay envidias, todas tiramos para el mismo lado”, cuenta a Clarín la interna, que está completando su cuarta temporada en la Liga.
A Chañares se incorporó en septiembre pasado, después de haber sido campeona de la Liga con Ferro y de haber disputado el Regional Femenino con Pacífico de Neuquén. Fue incentivada por Pablo Rodríguez, entrenador del equipo y pareja de Candela Foresto, base de Obras, quien fue su compañera en Ferro y hoy es una de las amigas que le entregó el deporte. “Pablo me dijo: ‘Vamos a hacer historia en un pueblo de 6.000 habitantes’. Y yo confié en este proceso”, explica.
La decisión de aceptar esa propuesta implicó un cambio drástico en su cotidianidad. “Irme de Buenos Aires y llegar a un pueblo de 6.000 habitantes era un desafío y una oportunidad. Al principio me costó, pero James Craik te transmite una tranquilidad y una paz impresionantes. La gente es muy amable y me hace sentir como si estuviera en mi casa”, asegura la tucumana.
El básquetbol es parte de su vida desde la infancia, aunque con un paréntesis de más de una década. Siguiendo a sus dos hermanas mayores, Ana y Emilce, comenzó a jugar a los cinco años en el club San Cayetano, que estaba a la vuelta de su casa. Allí permaneció hasta los 15. “En ese momento dije ‘basta’. Mis padres estaban separados, yo me había ido a vivir con mi madre y entonces hablé con ella. Le dije que no me sentía yo. A los 16 años toda mi vida cambió, empecé mi transición”, recuerda.
Durante ese proceso, ni siquiera se planteó la posibilidad de tomar nuevamente una pelota. Pero a principios de 2020 su hermana Ana la invitó a participar en un campeonato con el club Redes Argentinas. Si bien el certamen debió interrumpirse por la pandemia de covid-19, el bichito ya la había picado nuevamente. “Seguí entrenándome mucho porque sentía que de esa manera volvía a ser yo”, sostiene.
Cuando la actividad se reanudó, se incorporó definitivamente a Redes Argentinas, con el que ganó siete títulos, pese a que estuvo casi un año inactiva por una rotura de tendón de Aquiles. Hasta que se encontró con una posibilidad que, hasta entonces, “ni siquiera era un sueño”.
La chance de incorporarse a Ciclista Olímpico para jugar la Liga Femenina en 2022 surgió tras un amistoso en La Banda. “Mi entrenador (en Redes Argentinas) y su novia eran amigos de Adriana Díaz Antonio, la jefa de equipo de Olímpico. Fuimos a jugar un amistoso a La Banda en el momento en que Rocío Pérez (la entrenadora del equipo santiagueño) estaba armando el plantel para la Liga Femenina. Le gustó cómo jugaba, aunque había que pulir algunas cosas. Cuando terminamos ese amistoso, almorzamos todas juntas. Y cuando terminamos de comer, me dijeron: ‘El lunes te queremos acá’. Ahí empezó todo”, relata.
Para ser inscripta, Lucero presentó su documento nacional de identidad (ya había hecho la rectificación registral que contempla la Ley de Identidad de Género) y un estudio de medición hormonal (que evidenciaba el efecto del tratamiento hormonal cruzado que había iniciado más de una década atrás), algo que repitió en cada uno de los clubes a los que representó. En sintonía con el Protocolo de Género y la Política de Igualdad de Oportunidades de la Confederación Argentina de Básquetbol (CAB), la Asociación de Clubes (ADC) utiliza como criterio de elegibilidad para la participación en certámenes femeninos la posesión de un DNI femenino.
La ala pivot jugó sus primeros minutos en un partido oficial del torneo más importante del país el 29 de octubre de 2022, en una derrota 47-42 de Olímpico ante Ameghino en Villa María. En el club santiagueño se desempeñó durante dos temporadas (“La Banda es como mi segundo hogar”, afirma). En octubre de 2024 pasó a Ferro, con el que fue campeón de la Liga en mayo de 2025.
