Mientras la guerra congelada entre Estados Unidos e Irán amenaza con desatar una crisis económica global, ambas potencias redujeron sus expectativas y buscan un pacto limitado que postergue los temas más complejos. Conocé los detalles de las propuestas en discusión y los conflictos que persisten.
LONDRES.– El estancamiento en el conflicto entre Estados Unidos e Irán sigue generando tensiones que podrían derivar en un colapso económico mundial. En este contexto, Washington y Teherán han moderado sus aspiraciones de alcanzar un acuerdo de paz integral y ahora apuntan a un pacto temporal que deje de lado las disputas más difíciles.
Según fuentes de ambos lados, los últimos esfuerzos diplomáticos se centran en un memorando de entendimiento provisional para detener las hostilidades y permitir el tránsito marítimo a través del Estrecho de Ormuz, mientras se negocia un acuerdo más amplio. El plan propuesto consta de tres fases: poner fin formalmente a la guerra, resolver la crisis en el Estrecho de Ormuz y abrir una ventana de 30 días para negociar un pacto más extenso. Sin embargo, persisten diferencias incluso sobre este esquema limitado.
Un acuerdo más profundo debería abordar temas complejos como el programa nuclear iraní. El último acuerdo nuclear, firmado en 2015 y abandonado por Donald Trump en 2018, requirió años de negociaciones entre equipos de expertos técnicos. El presidente estadounidense afirma que la guerra está cerca de terminar si Irán acepta ciertas condiciones, pero Teherán desconfía tanto de Trump como del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Funcionarios iraníes recuerdan que Estados Unidos e Israel atacaron en febrero a pesar de un alto el fuego previo, y señalan ataques israelíes durante treguas en Gaza y Líbano como motivos para dudar de un nuevo cese del fuego. Por eso, Irán exige garantías externas. Además, Teherán considera su control sobre el Estrecho de Ormuz como su principal herramienta de presión, mientras que Washington utiliza el bloqueo de puertos iraníes. Ambas partes sufren consecuencias: la economía iraní enfrenta una situación crítica y la imposibilidad de exportar petróleo podría generar problemas de almacenamiento y recortes de producción; al mismo tiempo, el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz provoca una crisis energética mundial a pocos meses de las elecciones legislativas en Estados Unidos.
Irán busca el reconocimiento formal de su control sobre Ormuz, aunque esa posibilidad enfrenta una fuerte oposición internacional. En cuanto al programa nuclear, Estados Unidos sostiene que Irán intenta fabricar una bomba atómica, mientras que Teherán lo niega y asegura que su programa tiene fines pacíficos. El debate se centra en el enriquecimiento de uranio, que puede usarse tanto para combustible nuclear como para material bélico. Washington exige que Irán renuncie por 20 años a su derecho al enriquecimiento y entregue sus reservas de uranio altamente enriquecido; Irán, por su parte, reclama que se reconozca su derecho a enriquecer uranio.
Antes de la guerra, una de las principales demandas de Estados Unidos era que Irán limitara el alcance de sus misiles balísticos para que no pudieran llegar a Israel. Aunque la guerra degradó considerablemente el arsenal iraní, aún no está claro si Washington insistirá en esas limitaciones en un futuro acuerdo. Irán siempre rechazó discutir su programa misilístico y afirma que su derecho a poseer armas convencionales no está en negociación.
La economía iraní arrastra años de sanciones, lo que contribuyó al malestar social y a las protestas de enero. Teherán necesita con urgencia el levantamiento de sanciones y la liberación de activos congelados, además de reparaciones por daños de guerra, aunque esta última demanda parece improbable que sea aceptada por Estados Unidos. Irán había condicionado cualquier acuerdo a la inclusión de la guerra israelí contra Hezbollah en el Líbano, pero Israel rechaza esa posibilidad y no está claro hasta qué punto Teherán insistirá. Los países del Golfo, que fueron blanco de ataques iraníes durante la guerra, tampoco tienen una postura unificada y rechazarían un acuerdo que permita a Irán seguir amenazándolos o controlar el Estrecho de Ormuz. Por su parte, los países europeos mantienen sus propias sanciones contra Irán y quieren participar en las negociaciones.
