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Destituyeron a los tres fiscales acusados de mal desempeño en el caso Dalmasso

El jurado de enjuiciamiento de magistrados de Córdoba destituyó a los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro por su actuación en la investigación del crimen de Nora Dalmasso, ocurrido en 2006.

CÓRDOBA.- En un trámite sumario, el jurado de enjuiciamiento de magistrados de esta provincia destituyó a los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro por su mal desempeño y negligencia en la investigación de la violación y homicidio de Nora Raquel Dalmasso, el conmocionante crimen ocurrido en Río Cuarto en noviembre de 2006 que, tras veinte años de una errática actuación judicial, quedó impune.

La decisión del jury, presidido por la legisladora Julieta Rinaldi (Hacemos Unidos por Córdoba) e integrado por sus pares Facundo Torres (Hacemos Unidos por Córdoba), Miguel Nicolás (UCR) y Walter Gispert (Frente Cívico) y la vocal del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, Aída Tarditti, estuvo en línea con la acusación realizada por la fiscal general adjunta de la provincia, Betina Croppi.

Después de las 20, Miralles y Di Santo hicieron uso del derecho de la última palabra, mientras que Pizarro no habló porque lo había hecho en su alegato, ya que era codefensor de sí mismo. Posteriormente, empezó la deliberación secreta de los integrantes del jury. Toda la sesión fue seguida por la familia de la víctima, Marcelo Macarrón, el viudo, y sus hijos Facundo y Valentina.

En el inicio de su alegato, Croppi afirmó: “Con todo lo que se ha oído y probado podemos afirmar con certeza que las circunstancias de la causa han sido probadas”. “Quedó claro en esta audiencia que había pocos insumos para trabajar”, planteó, al describir las actuaciones de los forenses en el lugar del hecho y los problemas que podrían haber provocado irregularidades en el levantamiento de las muestras de ADN.

“Se ha establecido el perjuicio grave al servicio público. No puede seguir ocupando un magistrado el cargo cuando ha incurrido en una negligencia grosera. Este perjuicio es lo que se encuentra acreditado en este caso. No fueron errores y descuidos de cualquier ser humano. Generaron perjuicio personal e institucional, dañando la confianza de la ciudadanía. Los fiscales acusados no están preparados para la función que la ley orgánica les exige”, dijo Croppi.

Antes de pedir la sanción señaló que “es incuestionable que la conducta atribuida a los fiscales se enmarca en las causales invocadas. ¿Querían los fiscales que el asesino de Nora Dalmasso sea descubierto? Me permito dudarlo”.

“Di Santo, instalado en el quincho de la casa, comenzó a entrevistar a amigos, parientes, familiares… La casa estaba llena de gente. Y les preguntó a todos, a los 58, quién era el amante de Nora Dalmasso”, razonó Croppi para señalar que esa fue la principal línea de investigación y no la de que las relaciones sexuales que, según marcaban los indicios, había tenido la víctima antes de ser asesinada podían haber sido forzadas.

En su alegato recordó que la declaración como testigo de Roberto Bárzola, el parquetero imputado porque su ADN estaba en la escena del crimen y que fue absuelto el año pasado porque se juzgó que el caso ya estaba prescripto, fue tomada mientras se desarrollaba el velatorio de la víctima. “Aquí nace la primera alerta que debió atenderse. ¿Por qué un sospechoso se ubica en la escena del crimen y no es sospechoso?”.

Añadió: “En los días posteriores siguieron las alertas sobre Bárzola. La madre de Dalmasso declaró que su hija había tenido una discusión con un carpintero. Ya teníamos varios señalamientos”. A esto se sumó la declaración del jefe de Bárzola y del dueño de la otra casa donde trabajaban en simultáneo a la de los Macarrón.

“Los resultados de la autopsia revelaban que Nora había muerto la mañana del sábado. ¿A quién teníamos en ese lugar y a esa hora? ¿Qué se hizo con esta alerta, qué se podría haber hecho? El sospechoso estaba ante sus ojos. ¿Chequearon la coartada de Bárzola? Pues no, nada hicieron. Ni citaron como testigo a la concubina de Bárzola”, precisó.

Croppi enfatizó: “Yo me pregunto qué pasó, por qué esta ceguera. En ese momento la fiscalía estaba ocupada en buscar al ‘amante asesino’. Todos los esfuerzos de esa etapa fueron dedicados a investigar a la víctima”. Remarcó que tampoco se investigó la procedencia de una carta que advertía que el asesino había sido uno de los obreros.

“Había sospechas de que Bárzola mentía”, insistió y apuntó que se habían pedido las ‘sábanas’ telefónicas [registro de llamadas entrantes y salientes] de la concubina y del parquetista y las grabaciones. “Nadie escuchó lo que se grabó en el teléfono de Bárzola. No pasó nada con eso, nadie lo hizo. Todo lo señalaba, ¿por qué lo descartó como sospechoso?”.

Al hablar de la prueba de ADN, indicó que el fiscal Di Santo ordenó un mapeo genético por “posible contaminación de la evidencia”. Entre esas 26 personas había posibles sospechosos. Los vecinos tenían llave de la casa y uno de ellos encontró el cuerpo. Estaba el hermano, un médico amigo y el suegro de Nora Dalmasso. Se identificó ADN del linaje Macarrón masculino, lo que evidencia la presencia de abuelo, padre o hijo. “Esto terminó siendo la base para la imputación de Facundo y Marcelo Macarrón”.

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