La actriz argentina habla sobre su papel en la serie de Prime Video basada en la novela de Isabel Allende, y reflexiona sobre el peso de la memoria y la humanidad en tiempos de conflicto.
La serie La casa de los espíritus, basada en la novela homónima de Isabel Allende, llegó a Prime Video con una propuesta que busca combinar la narrativa latinoamericana con una producción de alcance global. La historia, que sigue a la familia Trueba a lo largo de varias décadas, cruza conflictos íntimos con procesos políticos concretos en Chile entre las décadas de 1920 y 1970.
En este marco, Rocío Hernández interpreta a Alba, un personaje clave que actúa como narradora y reconstructora de la memoria familiar. En una entrevista, la actriz destacó la importancia de priorizar lo humano por sobre las diferencias ideológicas o políticas. “Hay que ver a la persona antes que cualquier diferencia”, señaló, en referencia al enfoque de su personaje y a la lectura contemporánea de la obra.
La serie, de ocho episodios, cuenta con un elenco que incluye a Dolores Fonzi, Nicole Wallace, Alfonso Herrera, Fernanda Urrejola, Juan Pablo Raba, Maribel Verdú, Aline Küppenheim y Eduard Fernández. La producción optó por un tratamiento contenido del realismo mágico, integrando los elementos sobrenaturales como parte de la cotidianeidad, sin caer en el efectismo fantástico.
Hernández, quien no conocía la novela antes del casting, señaló que la lectura del libro la fascinó, y que luego, al retomarlo, lo hizo con una mirada más profesional. “Me fascinó con los personajes, con la historia, con la magia”, afirmó. La actriz también destacó la construcción de vínculos durante el rodaje, en un ambiente mayoritariamente femenino y en locaciones aisladas, lo que contribuyó a la verosimilitud de las relaciones en pantalla.
La serie no solo busca entretener, sino también activar preguntas sobre el presente: por qué una historia como esta sigue resonando en 2026 y qué incomodidades puede generar en una audiencia contemporánea. Según Hernández, los clásicos sobreviven porque siguen siendo herramientas para pensar el presente.
