El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) registró una caída en febrero, aunque estimaciones privadas anticipan una recuperación en marzo. El primer trimestre se perfila como una meseta, con sectores y regiones con desempeños dispares.
La evidencia resulta abrumadora y no parece un dato coyuntural. El último dato registrado por el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) que elabora el INDEC muestra que, en febrero, la actividad que había repuntado en los meses anteriores, volvió a caer. Las estimaciones privadas dicen que en marzo hubo una recuperación, pero lo cierto es que tomando el bimestre o proyectando el primer trimestre, podríamos afirmar que la actividad está en una suerte de “meseta”.
Dentro de esa aparente quietud, la heterogeneidad manda, en una convivencia forzada de sectores y regiones con excelentes, regulares o malas performance para arrojar un promedio más que discreto. ¿Es eso sostenible? ¿Es un escalón inevitable hacia un ciclo de crecimiento, como reitera el Gobierno, o es la antesala de una nueva desilusión?
El economista e historiador Pablo Gerchunoff, profesor emérito de la Universidad Di Tella, publicó recientemente el libro “La demora y la prisa. Historia de los (des)equilibrios sociales argentinos”, donde aborda precisamente este interrogante. Si bien se reconoce “optimista”, no deja de ver los peligros de una vez más caer en una fase descendente de los ciclos de “ilusión y desencanto”. Como nota negativa, señala que Milei no tiene equilibrio fiscal (el pilar de toda su política económica) sino gasto reprimido. “Argentina es como si tuviera la mitad del cuerpo paralizada: una parte que funciona muy bien pero el problema es que no puede incorporar a la otra”, explica. En su visión, una política económica “sabia” es la que incorpora también a los que van a la zaga. “La parte del cuerpo que se mueve muy lentamente depende de un precio crucial que es el tipo de cambio. Eso se refleja en el empleo, en la calidad del empleo e incluso, en algún momento, en el nivel de pobreza”, concluye.
Otro gurú muy escuchado en la cocina libertaria es Ricardo Arriazu. Comparte con Gerchunoff sus dudas acerca de la suerte del programa económico con matices: le asigna 50% de probabilidades de éxito (más que el tercio que le ponía hace un año), pero que el saldo que la política debería solucionar es el impacto en la ocupación en los grandes centros urbanos, fruto del brusco cambio en los precios relativos y el colapso de ciertos patrones de producción industrial manufacturera.
Para Alfredo Romano, titular del Romano Group, es todo un reto mantener un superávit fiscal sostenidamente, “mientras en el medio se realiza una transición económica, donde hay muchos sectores que son dinámicos, pero hay otros muchos que no lo son y les está costando”. Encuentra como explicación a esa dificultad que aún no se bajaron muchos impuestos importantes.
En el caso de IDESA, apuntan que el propio Javier Milei recientemente reconoció que los procesos de mejoras no avanzan a la misma velocidad. “Es un gran logro la reducción abrupta de la inflación, también es muy positiva la recuperación de la producción y la baja de la pobreza, pero el punto más débil se da en el mercado de trabajo”, destaca su presidente Jorge Colina. Y marca que durante 2025 hubo un leve aumento de la tasa de desempleo, pero el tipo de empleo que más creció fue el cuentapropismo informal, dado que en términos de empleos asalariados registrados en el sector privado hubo una caída de 200 mil trabajadores entre noviembre del 2023, antes que asumiera el actual Gobierno, y diciembre del 2025.
En el caso de la demanda, según analiza la consultora Invecq, el consumo privado creció 7,9% en 2025, algo por encima de lo esperado, aunque con una composición muy desigual, dado que el impulso provino principalmente de los bienes de consumo importados (+54% anual en cantidades) y de los bienes durables (+34% interanual para los electrodomésticos o +48% para el patentamiento de autos). En cambio, el consumo masivo sólo tuvo una recuperación parcial (+2,4% en 2025, pero luego de haber caído 16,4% en 2024).
El economista Jorge Day, responsable de la Sección Regional de la Fundación Mediterránea, señala que en el actual contexto económico argentino, las provincias con mejor desempeño relativo —particularmente en exportaciones— son aquellas vinculadas a tres grandes motores: Vaca Muerta (Neuquén), la minería (San Juan, Salta y Jujuy) y el complejo agro-pampeano. En contraste, presentan un desempeño más débil otras provincias petroleras tradicionales (como Santa Cruz y Chubut) y aquellas con mayor dependencia de fondos nacionales, especialmente en el Norte del país. “En este marco, cabría esperar que las regiones con sectores dinámicos hayan generado un ‘efecto derrame’ sobre sus economías locales, reflejado en una mejor evolución del empleo no sólo en las actividades líderes, sino también en el resto de los sectores”, sugiere. Sin embargo, en el análisis del empleo privado registrado observa que, si bien existen casos donde este efecto se verificó, la heterogeneidad sigue siendo la nota dominante.
