Marina Luci elabora productos de cosmética natural en su laboratorio de Ingeniero Maschwitz. Utiliza agricultura biodinámica y procesos artesanales como la maceración de plantas durante 28 días.
Marina Luci fundó Sabe a Rama, un emprendimiento artesanal dedicado a la elaboración de cremas, ungüentos y otros productos para la piel a partir de flores y hierbas medicinales. El proyecto, con sede en Ingeniero Maschwitz, combina agricultura biodinámica, maceración en aceites vegetales y destilación por vapor de agua.
El nombre del emprendimiento surge de la unión de los nombres de sus hijos. «Ellos, a través de la crianza y de un deseo profundo mío, me llevaron a este maravilloso mundo de las plantas medicinales», declaró Luci. Su vínculo con la naturaleza se remonta a su infancia en una familia numerosa y a la influencia de su abuela cordobesa, con quien compartía el amor por las plantas. Tras mudarse a Ingeniero Maschwitz, se formó en fitomedicina y cosmética natural, y viajó a Famatina para aprender con una yuyera local. «Las plantas curan. Creo en su poder, en sus aromas, en sus colores y en toda la información y medicina que nos regalan», sostuvo.
Luci aplica la agricultura biodinámica: siembra, cultiva y cosecha en su propio jardín siguiendo el calendario biodinámico y las fases lunares. La producción se realiza en un laboratorio instalado en su casa. Trabaja con aceites vegetales de almendras, jojoba, rosa mosqueta y oliva orgánico, en los que macera las plantas durante 28 días, un ciclo lunar completo. Luego, esos aceites se convierten en la base de cremas faciales, corporales, sérums, jabones, geles de limpieza y ungüentos. La caléndula es la especie emblemática: «Es la planta base de Sabe a Rama. Tiene una enorme capacidad para regenerar y suavizar los tejidos de la piel», afirmó. También utiliza manzanilla, lavanda y cola de caballo (Equisetum).
Uno de sus productos más representativos es Santa Calma, una pomada elaborada con caléndula, lavanda, manzanilla, cera de abejas y aceites esenciales, pensada para aliviar quemaduras, paspaduras, irritaciones y otras afecciones cutáneas. «La cera de abejas ayuda a regenerar los tejidos y, junto con estas plantas, aporta un efecto calmante y cicatrizante», comentó la creadora. Recientemente incorporó un alambique de cobre para destilar sus propias plantas. Mediante vapor de agua obtiene aceites esenciales e hidrolatos, con los que produce aguas florales y nuevas formulaciones.
Para Luci, la cosmética natural ofrece beneficios para la piel y una manera más consciente de relacionarse con el cuerpo y el ambiente. «No poner químicos ni conservantes sobre la piel es una forma de volver a lo verdadero», expresó. Aunque los procesos son más lentos, sostiene que los resultados son más sanos, efectivos y respetuosos con la Tierra y las personas.
En Sabe a Rama, cada producto es el resultado de una cadena que incluye sembrar, cosechar, macerar, destilar y formular. El jardín se transforma en laboratorio y las plantas, en cremas y ungüentos.
Contacto: @sabearama
