Lectores de Clarín expresan opiniones sobre la participación ciudadana, el financiamiento de las universidades y el uso de inteligencia artificial en el sistema educativo.
Participación política y cambio social
J. Felipe Fliess escribe sobre la preocupación que le genera que muchos argentinos que quieren un cambio se retiren de la política. Señala que el cansancio y el hartazgo se traducen en silencio en lugar de participación. Sostiene que ningún cambio profundo puede sostenerse si quienes lo desean no se comprometen en su vida cotidiana: conversando en familia, con amigos, en el trabajo e incluso con desconocidos. No habla necesariamente de militar en un partido, sino de discutir ideas, defender convicciones y asumir que el futuro del país depende de cada ciudadano.
Menciona que, en sus viajes por Centroamérica, percibe una disposición mayor a hablar de los problemas de sus países y a expresar qué cambios consideran necesarios. En Argentina, en cambio, el “no aguantamos más” produce el efecto contrario: alejarse de la política y dejar el espacio público en manos de otros. Por eso hace un llamado a todos los argentinos que quieren un cambio, cualquiera sea su condición social, a no retirarse, hablar, preguntar, argumentar, escuchar y participar. Afirma que una sociedad no cambia solamente cuando vota, sino también cuando empieza a hablar cotidianamente de aquello que quiere transformar.
El financiamiento de las universidades
Roberto A. Meneghini se refiere al debate sobre el financiamiento de las universidades y la propuesta de cobrar un arancel a los estudiantes extranjeros. Sin entrar a polemizar sobre esa propuesta, considera que también debería instrumentarse un sistema de seguimiento y control respecto del cumplimiento de las materias que los estudiantes deben aprobar anualmente. Una medida de estas características permitiría abordar la situación de aquellos que permanecen durante períodos prolongados en la universidad sin registrar avances suficientes en sus estudios y, en algunos casos, destinan una parte importante de su tiempo a la actividad política dentro de los claustros.
El objetivo, según el autor, no debería ser otro que procurar un uso más eficiente de los recursos públicos, evitando gastos que podrían resultar innecesarios y garantizando que quienes reciben educación financiada por el Estado cumplan razonablemente con sus obligaciones académicas. Con el mayor de los respetos, cree que también en esta cuestión se debe agudizar el ingenio y buscar alternativas que contribuyan a mejorar la administración de los recursos que soportan todos los ciudadanos de a pie.
La Inteligencia Artificial en el sistema educativo
Isidro Perasso sostiene que los estudiantes cuentan con la responsabilidad moral de acceder al conocimiento por medio del esfuerzo y la buena fe. Sin embargo, acusar en muchos casos a los estudiantes por su uso indebido de la Inteligencia Artificial subraya un problema del que el sistema e instituciones educativas deben hacerse cargo. Ellas también tienen una responsabilidad, y es establecer un marco de enseñanza, aprendizaje y evaluación apropiado. No podemos esperar que si estas ceden a su responsabilidad, los estudiantes vayan a poner su ética personal por encima de todo y eviten el uso de IA para completar tareas y módulos de evaluación.
Si no generamos un entorno acorde a las necesidades de los estudiantes y un marco de evaluación acorde a lo que se enseña, la educación recae en una cuestión de voluntad propia, y delegar las tareas cognitivas en la IA resulta la solución oscura e inevitable que queremos evitar con tanta ilusión y tan poco empeño.
