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Lula expondrá en la ONU sus prioridades de política exterior ante las elecciones en Brasil

El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, viaja a Nueva York para abrir la Asamblea General de la ONU, en lo que será su última gran aparición internacional antes de la primera vuelta electoral del 4 de octubre. Su discurso abordará temas de agenda nacional e internacional, según fuentes oficiales.

El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, se prepara para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde, como es tradición, abrirá el encuentro. El viaje a Nueva York ocurre dos semanas antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, programada para el domingo 4 de octubre.

El discurso, cuya preparación lleva semanas, abordará temas centrales de las agendas internacional y nacional de su gobierno, según informaron fuentes oficiales. Entre los puntos que mencionará se encuentran la defensa de la soberanía, la democracia, el combate al crimen organizado, el cambio climático y la necesidad de enfrentar los conflictos globales, en particular las guerras en Ucrania y en Medio Oriente.

Lula hablará durante aproximadamente veinte minutos. Su exposición incluirá lo que, según fuentes oficiales, serían las prioridades de un eventual cuarto mandato. El presidente brasileño enviará mensajes sin mencionar nombres. Uno de los destinatarios sería el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien pronunciará el segundo discurso en la ONU. No está prevista una reunión bilateral entre ambos, aunque podría producirse un breve encuentro en los pasillos del organismo, como ocurrió el año pasado.

Según confirmaron fuentes oficiales, Lula criticará los intentos de tutelar a otros países por parte de las grandes potencias y de interferir en temas domésticos. El Palacio del Planalto sostiene que la Casa Blanca ha intentado hacer esto con Brasil desde el regreso de Trump al poder. Entre los ejemplos que mencionan fuentes oficiales brasileñas se encuentran la aplicación de tarifas comerciales por encima del promedio implementado a otros países; la defensa de dirigentes políticos como el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de prisión por el Supremo Tribunal Federal (STF) por liderar un intento de golpe de Estado el 8 de enero de 2023; el intento de eliminar mecanismos financieros como el PIX; y los cuestionamientos a la política de seguridad de Brasil, especialmente en la lucha contra organizaciones criminales que Estados Unidos considera terroristas desde este año, como el Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando de la Capital (PCC).

La semana pasada, Trump envió al Congreso su evaluación anual sobre las naciones con mayor tránsito y producción de drogas ilícitas. El documento generó tensiones con México y malestar en Brasil. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, rechazó las evaluaciones unilaterales y solicitó a Washington que publique información sobre sus propias acciones contra el lavado de dinero, la distribución interna y el contrabando de armas hacia el sur.

En Brasilia, asesores internacionales de Lula consideran llamativo que Brasil y México fueran criticados, mientras que Venezuela no fue mencionada. El Departamento de Estado afirma en el informe que Brasil no ha hecho lo suficiente para confrontar al PCC y al CV, y no menciona el crimen organizado en Venezuela, país que hasta el ataque militar estadounidense del 3 de enero de este año era considerado un Estado en manos del crimen organizado. Ahora, bajo tutela estadounidense, Venezuela no integra la lista de naciones que han «fracasado de manera demostrable» en la lucha contra el narcotráfico.

Recomponer las relaciones con Estados Unidos es una de las principales prioridades del presidente brasileño en caso de lograr un cuarto mandato, según fuentes diplomáticas. En Brasilia reconocen que el vínculo con el gobierno de Trump ha sido complejo y requiere nuevas estrategias de aproximación. Hasta ahora, el gobierno de Lula no ha logrado tender puentes eficientes en Washington y, en caso de una victoria electoral, deberá repensar la relación. Se espera un cambio de embajador, probablemente seguido de un relevo en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

En la capital brasileña es conocido el deseo del canciller Mauro Vieira de continuar en su puesto, pero fuentes cercanas a Lula afirman que la tendencia del presidente sería cambiar el comando de Itamaraty. Las dificultades en la relación con Estados Unidos explicarían, de suceder, gran parte de esa eventual decisión.

En cuanto a un posible triunfo de Flavio Bolsonaro, ese escenario es mencionado en Brasilia y genera preocupación en Itamaraty por la posibilidad de que su hermano, Eduardo Bolsonaro, sea el futuro canciller. El exdiputado fue condenado a 4 años y 2 meses de prisión por coacción en el curso de un proceso judicial. El STF determinó por unanimidad que utilizó su influencia internacional para presionar y desestabilizar a la Justicia brasileña con el fin de frenar la condena de su padre. Este sería un problema que Flavio Bolsonaro debería enfrentar si quisiera cumplir los deseos de su hermano.

Otras opciones consideradas por fuentes del entorno bolsonarista como más «racionales y menos ideológicas» incluyen a la senadora Tereza Cristina (PP), quien fue ministra de Agricultura durante el gobierno de Bolsonaro. La senadora es bien vista dentro de Itamaraty, donde su nombre genera alivio entre la mayoría de los diplomáticos.

Hay un debate interno, pero también es evidente que recomponer la relación con Estados Unidos sería más fácil si resulta electo Flavio Bolsonaro. La duda radica en el nivel de sumisión que tendría un segundo gobierno de la familia Bolsonaro en relación con Washington. En un contexto en el cual la Casa Blanca volvió a tratar a América Latina como su patio trasero, Brasil es la joya de la corona.

Después de recuperar Colombia con la victoria de Abelardo de la Espriella, dominar Venezuela y tener aliados fuertes en la Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Paraguay, si Trump recupera influencia en Brasil será un jaque mate, aun cuando algunos de los presidentes de derecha actualmente en el poder no tengan con el mandatario estadounidense un alineamiento automático e incondicional como el que exhibe el presidente Javier Milei.

La campaña de Flavio Bolsonaro afirma que no habría «sumisión», que el candidato aprendió de los errores del gobierno de su padre y que tendría una política exterior «pragmática y muy focalizada en temas como comercio e inversiones». Se habla de buenas relaciones con China, India, países asiáticos y con «todos los que quieran relacionarse con Brasil». Sin embargo, se trata de la familia Bolsonaro y para muchos aún es difícil imaginar un giro pragmático que deje fuera todo elemento ideológico, sobre todo en la relación con los Estados Unidos.

En las Naciones Unidas, Lula planteará el Brasil y el mundo que defenderá si sigue en el poder. Pero el futuro es incierto en estas tierras y todo podría cambiar en pocas semanas. Washington y el mundo miran a Brasil, cuya elección presidencial tendrá una repercusión global.

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