La ceremonia en el Memorial del Bajo Manhattan se realizó con ausencias políticas, la difusión de documentos municipales sobre la respuesta oficial a los atentados y un nuevo homenaje a los fallecidos por enfermedades derivadas del polvo tóxico.
NUEVA YORK. A las 8:46 de la mañana de este viernes, hora exacta en que el vuelo 11 de American Airlines impactó en la Torre Norte, el Bajo Manhattan volvió a quedar en silencio. Fue el primero de siete momentos de silencio. Hasta el año pasado eran seis: dos por cada torre alcanzada, dos por cada torre caída, uno por el Pentágono y uno por el campo de Shanksville. Este año se agregó un séptimo, al final de la lectura de los 2.983 nombres.
El séptimo silencio está dedicado a los fallecidos con posterioridad. Más de 9.000 personas murieron por enfermedades derivadas del polvo tóxico que dejaron las torres al derrumbarse, casi el triple de las que murieron aquella mañana. Los casos de cáncer vinculados al World Trade Center pasaron de 3.200 en 2015 a cerca de 53.000 este año.
Michael Bloomberg, alcalde entre 2002 y 2013 y actual presidente del directorio del Memorial, declaró al anunciar la incorporación del séptimo silencio que la devastación del 11 de septiembre se extendió mucho más allá de ese único día.
Los papeles
Tres días antes de la ceremonia, el martes, el alcalde Zohran Mamdani anunció la publicación de más de 170.000 páginas de archivos municipales sobre la respuesta oficial a los atentados y sobre la calidad del aire en la Zona Cero. Los documentos, disponibles en un portal público, sugieren que funcionarios de la ciudad conocían la presencia de asbesto y otros materiales tóxicos mientras declaraban en público que era seguro respirar en el sur de Manhattan.
Entre el material figuran el llamado memo Harding, 68 cajas que la ciudad afirma haber localizado recién en 2025 pese a pedidos de acceso a la información presentados durante años, y archivos de la administración de Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Mamdani sostuvo que los neoyorquinos siempre supieron la verdad, pero nunca habían podido verla escrita, y que a quienes respiraron ese aire los líderes en los que confiaban les mintieron.
Los que le pidieron que no fuera
Mamdani, el primer alcalde musulmán de la ciudad, estuvo en la plaza del Memorial tres días después de abrir esos archivos, junto a dirigentes que durante toda la semana le pidieron públicamente que no asistiera.
Giuliani declaró a Newsmax que le ofende que Mamdani asista, y agregó versiones sin sustento sobre un supuesto plan de musulmanes para tomar el control de partes de Estados Unidos y Europa. George Pataki, gobernador de Nueva York en 2001, pidió lo mismo. Bruce Blakeman, precandidato republicano a gobernador, prometió darle la espalda durante la ceremonia.
Organizaciones judías de derechos civiles rechazaron los pedidos de exclusión por considerarlos islamofóbicos, y dirigentes demócratas del estado condenaron las declaraciones de Giuliani. Mamdani asistió igual. Dijo que quiere que la semana esté centrada en las familias y en los socorristas.
El presidente que no vino
Donald Trump, neoyorquino, no estuvo en la Zona Cero. Conmemoró la fecha en el Pentágono. La razón que trascendió es que quería pronunciar un discurso, y el Memorial no permite que los políticos hablen en la ceremonia desde 2012, para preservar su carácter apartidario. La administración estuvo representada por el vicepresidente J.D. Vance, que la semana pasada generó rechazo al sugerir que aprovecharía la ocasión para ridiculizar a Joe Biden. Los cuatro expresidentes vivos, Joe Biden, Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton, sí estuvieron en Manhattan.
El miércoles y el jueves, el Partido Republicano realizó en Dallas una convención de medio término, un formato casi inédito fuera de los años electorales presidenciales. Allí Trump prometió enviar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si su partido conserva el Congreso en noviembre. El programa oficial, de más de cien oradores, apenas mencionó dos temas: los aranceles y la guerra con Irán.
Otra guerra, otro enemigo
El cuarto de siglo encuentra a Estados Unidos otra vez en guerra en Medio Oriente. El conflicto con Irán comenzó el 28 de febrero con ataques conjuntos con Israel, precedidos por el mayor despliegue militar estadounidense en la región desde la invasión de Irak en 2003. Hubo un alto el fuego en abril con mediación de Pakistán, un memorando de entendimiento en junio y una ruptura en julio. A comienzos de septiembre se registró el intercambio de fuego más intenso en más de un mes. La diferencia con 2001 es sustantiva: aquella guerra se libró contra un actor no estatal y derivó en dos ocupaciones; esta es contra un Estado, y la conduce el presidente que llegó a la Casa Blanca prometiendo terminar con las guerras eternas.
