La victoria de Argentina ante Inglaterra en el Mundial 2026 desató una serie de declaraciones y reacciones internacionales que volvieron a poner en el centro de la agenda pública la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas.
La selección argentina de fútbol eliminó a Inglaterra en la Copa del Mundo 2026, y tras el partido, el equipo exhibió una bandera alusiva a las Islas Malvinas. El hecho generó repercusiones diplomáticas y mediáticas en distintos países.
El jugador Leandro Paredes declaró al término del encuentro: “Las Malvinas siempre serán argentinas. Es una parte triste de nuestra historia… y duele. Sabíamos que también jugábamos por ellas”.
Desde el Reino Unido, el portavoz del primer ministro afirmó: “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Islas Malvinas sin duda lo son. La autodeterminación recae en los isleños y nuestro compromiso con las Malvinas nunca flaquearán”. Algunas voces en Inglaterra solicitaron la exclusión de los jugadores argentinos.
La Administración Trump, consultada sobre el tema, sostuvo: “Basada en la Primera Enmienda (que habla sobre libertad de expresión), rechazamos cualquier solicitud de sanciones y damos apoyo implícito al derecho de los jugadores de expresar sus opiniones”.
El diario británico The Guardian publicó una columna de Simon Jenkins titulada “¿Las Malvinas son Argentinas? Not quite – but the Falklands cannot remain British for ever”, en la que se analiza la situación del archipiélago.
El politólogo Joseph Nye, autor del libro Soft Power: The Means to Success in World Politics, ha señalado que la influencia cultural y simbólica —como la generada por un equipo de fútbol en un Mundial— puede complementar el poder duro de las armas. En este contexto, la actuación del equipo argentino fue interpretada como un hecho que trascendió lo deportivo.
Durante 72 horas posteriores al partido, la discusión sobre la soberanía de las Islas Malvinas ocupó un lugar central en la conversación pública mundial, según constataron medios de diversos países.
