Con la llegada de las bajas temperaturas y los cambios en las rutinas diarias, muchas personas experimentan alteraciones en sus hábitos de descanso. La psicóloga Laura Peláez explicó cómo el sueño influye en la salud mental y brindó recomendaciones para mejorar la calidad del descanso.
Con la llegada de las bajas temperaturas y los cambios en las rutinas diarias, muchas personas experimentan alteraciones en sus hábitos de descanso. La psicóloga experta en sueño Laura Peláez, integrante del Colegio de Psicólogos de Castilla y León, España, afirmó que el descanso tiene una relación directa con la salud mental.
En una entrevista radial, Peláez sostuvo: «Cómo dormimos y cómo descansamos tiene un reflejo directo en la salud mental». Según explicó, el descanso influye en el estado de ánimo, el rendimiento diario y la forma en que las personas se relacionan con su entorno.
La especialista destacó la importancia de la higiene del sueño, que reúne conductas destinadas a mejorar la calidad del descanso. Entre las principales recomendaciones, mencionó mantener horarios regulares para acostarse y levantarse todos los días.
«Cuando se acerca la hora de dormir, nuestro cuerpo comienza a prepararse de manera natural para el descanso. Si los horarios cambian constantemente, esa preparación se vuelve más difícil», señaló.
Hábitos que ayudan a dormir mejor
Peláez indicó que una de las recomendaciones es mantener el dormitorio fresco, ventilado y con la menor cantidad posible de estímulos externos. La temperatura adecuada favorece la conciliación del sueño y reduce los despertares nocturnos.
También se refirió a las siestas: no deberían superar los 45 minutos, ya que los descansos más prolongados pueden interferir con el sueño nocturno y generar sensación de pesadez al despertar.
En cuanto a la alimentación, aconsejó evitar comidas abundantes, muy condimentadas o con exceso de azúcar durante las horas previas a acostarse, ya que pueden dificultar la digestión y alterar el descanso.
Café, alcohol y pantallas
La especialista sugirió limitar el consumo de sustancias estimulantes antes de dormir, como café, té, bebidas energéticas, alcohol y chocolate, entre cuatro y seis horas antes de acostarse. «Estas sustancias permanecen durante varias horas en el organismo y pueden dificultar tanto la conciliación como la profundidad del sueño», explicó.
Respecto a la actividad física, destacó que el ejercicio regular aporta beneficios, aunque recomendó no practicarlo inmediatamente antes de ir a la cama. «El cuerpo necesita un tiempo para reducir su nivel de activación antes de dormir», señaló.
También puso el foco en el uso de dispositivos electrónicos durante la noche. La luz azul emitida por celulares, tabletas y televisores puede inhibir la producción de melatonina, la hormona que regula los ciclos del sueño. Recomendó evitar las pantallas al menos una hora antes de acostarse y optar por actividades como la lectura, la meditación o escuchar música suave.
La cama debe estar asociada al descanso
Peláez aconsejó utilizar la cama exclusivamente para dormir o mantener relaciones sexuales. «Trabajar, estudiar, mirar series o pasar tiempo con el teléfono en la cama dificulta que el cerebro asocie ese espacio únicamente con el descanso», explicó.
Además, sugirió establecer una rutina nocturna que se repita todos los días para ayudar al cerebro a identificar que se acerca el momento de dormir.
Consecuencias de dormir mal de forma habitual
La falta de descanso sostenida en el tiempo puede afectar el humor, la memoria, la capacidad de atención y las relaciones interpersonales. «Cuando descansamos mal estamos más cansados y eso influye incluso en la manera en que nos relacionamos con otras personas», afirmó Peláez.
La especialista advirtió que los problemas de sueño pueden agravar síntomas asociados a trastornos de ansiedad y depresión, por lo que recomendó prestar atención a las señales del organismo.
