Ricardo Cáceres Correa, conocido como Ricardito, operaba una organización criminal desde la cárcel, con puntos de venta en el barrio Cerro de Montevideo. La banda fue desarticulada tras un triple homicidio en mayo.
Ricardo Cáceres Correa, alias Ricardito, un delincuente uruguayo con antecedentes por narcotráfico, extorsión, violencia privada y lesiones personales, lideraba desde prisión una red de puntos de venta de droga en el barrio Cerro de Montevideo. Así lo consignó la fiscal de Estupefacientes Stella Lorente en una audiencia judicial, según el diario uruguayo El País.
Según la fiscalía, Cáceres se jactaba de su notoriedad criminal. “Soy el que sale en la tele”, le dijo a una mujer que había sido amenazada, golpeada y obligada a vender sustancias. La organización, conocida como “Los Ricarditos”, se caracterizaba por la violencia y las extorsiones.
El nombre de Ricardito reapareció públicamente tras un triple crimen ocurrido a fines de mayo en una boca de droga que él controlaba, apodada “la escalerita”. Los investigadores indicaron que los autores del homicidio pertenecerían a una banda rival.
La banda contaba con cámaras de videovigilancia en los puntos de venta, lo que permitía a los líderes monitorear los movimientos de consumidores, integrantes de la organización y de la policía desde cualquier dispositivo. En audios judiciales se registraron comunicaciones donde se advertía sobre la presencia policial o detenciones.
Uno de los imputados, apodado “Bebe”, se encargaba de suministrar droga a “la escalerita”. En una conversación, fijó precios: “A todos los que estén ahí deciles que a 170 el gramo de base [USD 4] y 250 el gramo de merca [USD 6]”.
Otro imputado, “El Guille”, estaba vinculado a episodios de violencia. Un padre denunció que su hija, consumidora, fue amenazada de muerte, secuestrada, violada y obligada a vender droga. Cáceres llamaba diariamente a sus colaboradores desde la cárcel para supervisar las operaciones.
Tras el triple crimen, se realizaron nueve allanamientos. La Policía incautó un kilo de pasta base en piedra, dosis fraccionadas, municiones y dinero en efectivo. Las bocas de venta funcionaban principalmente en las zonas de Berna y Vigo y de Rusias y Chile.
La esposa de Ricardito fue condenada a cuatro años y siete meses de prisión por su rol en la recolección y administración de dinero, así como en la comunicación entre el cabecilla y los integrantes. Se registraron giros por 209.000 pesos uruguayos (unos USD 5.200) y transferencias por 421.000 pesos uruguayos (unos USD 10.400).
El cuñado de Cáceres recibió una pena de cuatro años y cuatro meses, y una tercera integrante fue condenada a tres años. “Bebe” fue sentenciado a dos años y tres meses. En la casa de la esposa se encontraron carteras, mochilas con monedas y billetes, marihuana y cocaína.
