Los excrementos de roedor pueden transmitir enfermedades como el hantavirus. Se recomienda seguir pasos precisos para evitar riesgos sanitarios.
No es una sorpresa particularmente grata encontrar que algún roedor se ha hecho un excusado en el hueco entre la estantería y la pared. Un cajón que suele estar cerrado, una maleta olvidada en un armario, algún lugar de fácil acceso — para el animalillo — y de difícil detección: puede haber un inodoro en cualquier esquina y uno podría nunca darse cuenta si no llega a encontrarlo.
Los últimos tiempos han dejado claro, aunque poca gente lo habría puesto en duda antes, que entrar en contacto con heces de roedor puede ser peligroso para la salud. Sin ir más lejos: el hantavirus, recientemente en boca de todos por el brote a bordo del MV Hondius, se contrae – en la mayoría de sus cepas – al inhalar aire o polvo contaminado con la orina, saliva, o heces de ratones infectados. Ni que decir tiene, entonces: de haber excrementos de roedor en algún lugar de casa, lo suyo es deshacerse de ellos tomando una serie de precauciones para proteger la salud.
Los excrementos de ratón suelen reconocerse fácilmente por su aspecto: pequeños, alargados, de color oscuro y con los extremos puntiagudos, muy parecidos a granos de arroz. No es raro encontrarlos acompañados de otras pruebas de la presencia de ratones, como envases de comida roídos, marcas oscuras en paredes y zócalos, olores, ruidos procedentes de las paredes o materiales triturados utilizados para hacer nidos. Un solo ratón puede llegar a dejar entre 50 y 75 excrementos al día, lo que facilita la contaminación rápida de superficies, ropa, alimentos o incluso sistemas de ventilación.
Según escribe la Dra. Giulia Bertelli, licenciada en Biotecnología Médico-Farmacéutica, en el portal especializado en salud y nutrición mypersonaltrainer, la capacidad de los virus y bacterias presentes en las heces de ratón para mantenerse infecciosos depende de la temperatura, la humedad, la exposición a la luz solar y la ventilación del espacio. Algunos virus pueden permanecer activos durante días, mientras que bacterias como la Salmonella pueden sobrevivir hasta semanas, sobre todo en ambientes húmedos y sin luz.
Para retirar los excrementos de ratón de manera segura, se recomienda seguir unas pautas básicas. No se deben tocar directamente con las manos, por ejemplo. Tampoco conviene barrer, aspirar ni sacudir alfombras o tejidos que puedan estar contaminados, ya que esto puede levantar partículas y facilitar su inhalación.
Es útil ventilar el espacio abriendo puertas y ventanas antes de empezar a limpiar y mientras se esté haciendo. Después, conviene humedecer los excrementos y las superficies afectadas con una solución de lejía diluida o un desinfectante adecuado. Una vez humedecidos, se pueden retirar con papel absorbente y desecharlos en una bolsa cerrada. Tras la retirada, conviene limpiar de nuevo la superficie y lavarse bien las manos. En casos en los que haya muchos excrementos, presencia de nidos, roedores muertos o infestaciones en lugares de difícil acceso, puede ser aconsejable contactar con servicios profesionales.
Si tras haber estado en contacto con ambientes donde hay restos de roedores se presentan síntomas como fiebre, dolores musculares intensos, cansancio, dolor de cabeza fuerte, náuseas, vómitos o diarrea persistentes, tos, dificultad para respirar, reducción de la cantidad de orina, coloración amarillenta de la piel o de los ojos, erupciones o hemorragias, conviene recibir asistencia médica e informar al personal sanitario sobre la posible exposición a excrementos de ratón, ya que este dato puede ser importante para el diagnóstico y el tratamiento.
