La detección de casos de scrapie en el país no representa un riesgo para las personas, pero exige una respuesta técnica coordinada para mantener el estatus sanitario y el acceso a mercados internacionales.
La reciente detección de casos de scrapie en la Argentina reabre un tema conocido desde hace más de dos siglos, que sigue planteando interrogantes en la intersección entre ciencia, producción y comercio internacional. El scrapie es una encefalopatía espongiforme transmisible que afecta a ovinos y caprinos, causada por priones: proteínas mal plegadas capaces de inducir cambios estructurales en otras proteínas, con evolución lenta, alta resistencia ambiental y ausencia de tratamiento efectivo.
Desde el punto de vista de la salud pública, la evidencia disponible indica que, a diferencia de la encefalopatía espongiforme bovina (que dio lugar a la variante Creutzfeldt-Jakob en humanos), el scrapie no ha demostrado capacidad de transmisión natural a las personas. Décadas de exposición no han generado señales epidemiológicas de riesgo concreto. Sin embargo, la biología de los priones aconseja evitar afirmaciones categóricas, ya que su dinámica no siempre se ajusta a los modelos clásicos de infección. Reconocer esta incertidumbre no implica alarmar, sino ejercer prudencia razonable.
El aspecto más relevante del problema reside hoy en sus implicancias sanitarias y económicas. En un contexto internacional cada vez más exigente, la presencia de enfermedades en los sistemas productivos puede afectar el estatus sanitario de un país y condicionar su acceso a mercados. Los estándares de la Organización Mundial de la Salud Animal ponen el acento en la capacidad de detectar y controlar estas patologías con transparencia y eficacia.
La respuesta debe apoyarse en herramientas conocidas: vigilancia epidemiológica sostenida, diagnóstico preciso, eliminación dirigida de animales infectados y programas de selección genética orientados a la resistencia. La experiencia internacional demuestra que el control del scrapie es posible cuando estas medidas se aplican de manera consistente. La confianza de los mercados y la sociedad no depende solo de la ausencia de problemas, sino de la calidad de la respuesta frente a ellos.
La Argentina cuenta con recursos científicos y productivos suficientes para enfrentar este desafío, pero ello exige coordinación entre organismos sanitarios, sector productivo y comunidad académica, así como una comunicación que evite tanto la minimización como la exageración del problema. El scrapie no constituye hoy una amenaza para la salud pública, pero sí es una señal que recuerda la importancia de sostener sistemas sanitarios robustos y creíbles en un mundo donde la confianza es un activo estratégico.
