Una carta de 1921 revela los detalles del primer encuentro entre los escritores Ricardo Güiraldes y Juan Carlos Dávalos en Salta, un episodio que consolidó una amistad y un intercambio cultural que trascendió fronteras.
La correspondencia histórica suele ser una ventana a la vida personal de grandes figuras. En el primer número de la revista Sur, publicado en 1931, Victoria Ocampo incluyó cartas inéditas de Ricardo Güiraldes, fallecido unos años antes. Entre ellas, se encuentra una misiva que el autor de Don Segundo Sombra escribió a su madre desde Salta el 22 de julio de 1921, durante un viaje por el norte argentino con su esposa, Adelina del Carril.
En la carta, Güiraldes describe su llegada a la ciudad y su deseo de conocer al escritor salteño Juan Carlos Dávalos. Al no encontrarlo en su casa de San Lorenzo, decidió recorrer los alrededores. En su relato, pinta con palabras el paisaje del Valle de Lerma y el campo de la batalla de 1813, destacando la claridad del aire y la geografía.
El encuentro finalmente ocurrió de manera casual en un camino polvoriento. Güiraldes y Dávalos se cruzaron a caballo y en automóvil. Tras reconocerlo, Güiraldes bajó del vehículo y se presentó: «Soy colega suyo… Güiraldes». Dávalos, con calma, le extendió la mano y respondió: «Usted es un gran gaucho». Según el relato, en ese momento «nuestra amistad queda pactada».
Esta amistad se profundizó meses después, cuando Güiraldes, ya de regreso en su estancia «La Porteña» en San Antonio de Areco, escribió al escritor francés Valery Larbaud elogiando la estadía en la estancia de Dávalos, en la frontera de Salta y Jujuy. En la carta, describe con admiración la vastedad del lugar, su fauna, sus gauchos y las experiencias vividas, invitando a Larbaud a visitar la región.
El intercambio entre ambos escritores no quedó solo en lo personal. Güiraldes llevó consigo recuerdos de Salta, como un quillango de vicuña y espuelas de plata, e incorporó en sus relatos a gauchos conocidos en la estancia de Dávalos, como Cruz Guíes, llevando así un pedazo de la cultura salteña a sus obras y a sus lectores en París.
