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Fútbol Cero: la historia de un grupo de amigos que reivindicó el derecho a jugar sin presión

Un grupo de amigos, en su mayoría neuquinos radicados en Buenos Aires, creó ‘Fútbol Cero’ como un espacio libre de burlas para quienes no tenían habilidad con la pelota. La crónica de una experiencia que mezcló camaradería, superación personal y un final inesperado.

En el país del fútbol, donde la habilidad con la pelota es casi un requisito social, un grupo de amigos decidió crear su propio refugio. Lo llamaron «Fútbol Cero». El elenco, más o menos estable, estaba compuesto por unas diez personas, la mayoría parte de la diáspora neuquina en la capital, que compartían una infancia alejada de los potreros y un talento deportivo limitado.

Para ellos, este espacio se convirtió en una escuela informal. Un lugar donde podían jugar «horriblemente» sin temor al escarnio de compañeros de facultad o trabajo. Las juntadas, que solían realizarse por las noches en complejos de barrios como Abasto o Constitución, tenían un ritual: cerveza en la previa, celebración de los modestos avances en la cancha y un análisis pormenorizado del partido durante la cena posterior.

Con el paso de los años, una realidad se hizo evidente para uno de sus miembros fundadores: mientras la mayoría de los integrantes mejoraba notablemente su juego, ejecutando jugadas complejas y remates potentes, sus propias incapacidades parecían permanecer intactas. La pregunta sobre si esto se debía a sus pies planos, su escoliosis o su asistencia esporádica por el cansancio de un nuevo trabajo, quedó sin respuesta definitiva.

El grupo original comenzó a cambiar. Algunos volvieron a Neuquén, otros formaron familia o fueron absorbidos por equipos de mayor nivel. Sus lugares fueron ocupados por desconocidos que jugaban bien y no compartían la filosofía inicial del grupo. El punto de quiebre llegó durante un partido en el que este miembro fundador terminó en un equipo con jugadores que no le pasaron la pelota ni una vez.

Decidió abandonar. Antes, en un acto que hoy juzga excesivamente dramático, envió una carta abierta por Facebook a los jugadores de «Fútbol Cero», donde, llevado por la humillación del último encuentro, expresó su frustración de manera áspera. Poco después, según su entendimiento, el grupo se desarmó. Él nunca volvió a jugar al fútbol.

A fines de 2025, uno de los fundadores, ahora un consumado director de cine, lo contactó para reimaginar aquellos tiempos en un guion. La propuesta aún no tuvo respuesta. «Apenas pasaron diez años», reflexiona, «la herida sigue abierta».

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