De simple acompañamiento del café a plato principal, los croissants rellenos ganan terreno en la gastronomía local con versiones innovadoras que fusionan técnicas francesas y sabores argentinos.
Los croissants, tradicionalmente asociados al desayuno o la merienda, están experimentando una transformación en Argentina. Lejos de su versión simple y dulce, cada vez más establecimientos ofrecen versiones rellenas, especialmente saladas, que los presentan como una opción gastronómica completa y sofisticada.
Esta tendencia, aunque aún no masiva, se consolida en diversos puntos del país, donde chefs y emprendedores exploran la versatilidad del hojaldrado. El objetivo es trascender la concepción del croissant como mero complemento y convertirlo en un contenedor de sabores complejos.
Uno de los ejemplos es Aznavour, un proyecto que nació en un contexto personal de sus creadores, Rodolfo Llanos y Carla. Su propuesta utiliza el croissant como base para comidas francesas tradicionales y charcutería, combinando ingredientes como pastrón, queso azul, peras y mostaza Dijon. Tras un inicio con productos simples, su punto de inflexión llegó con un croissant de mollejas que se viralizó en redes sociales. Hoy su carta, que cambia parcialmente cada tres meses, incluye opciones fijas con langostinos, jamón y reinterpretaciones locales con chorizo o morcilla.
En La Garage, ubicado en Palermo, la impronta es diferente. Abierto durante la pandemia, el lugar prioriza la elaboración artesanal y visible, con una herencia que cruza la técnica de laminados con la cocina judía. No buscan la versión francesa clásica, sino que experimentan con harinas como centeno y azúcar mascabo. Su creación distintiva es un croissant relleno de kimchi casero y mix de quesos, donde la acidez y el crocante se equilibran con la grasa de la masa y el queso. También ofrecen una versión dulce con crema de almendras.
Por su parte, Boulan, con una trayectoria desde 2013, siempre otorgó un lugar central a la viennoiserie. Los hermanos Diego y Leandro Muscat, tras recorrer panaderías en Europa y Estados Unidos, suman a su búsqueda una historia familiar ligada a la gastronomía, aunque los detalles específicos de sus creaciones saladas no se desarrollan en el fragmento disponible.
Estos emprendimientos coinciden en una visión: el croissant, por su sofisticación y textura, tiene el potencial para acompañar preparaciones complejas y no ser solo una moda pasajera. La tendencia invita a redescubrir un clásico desde una perspectiva innovadora, fusionando técnicas y sabores en propuestas que van desde lo gourmet hasta lo cotidiano con un giro original.
