El coreógrafo y director presenta Mi joven vida tiene un final en la sala Piazzolla, con funciones los sábados y domingos de noviembre y entrada gratuita.
El coreógrafo y director Pablo Rotemberg estrena una nueva versión de su obra Mi joven vida tiene un final en la sala Piazzolla del Centro Cultural Borges, ubicado en Viamonte y San Martín, Ciudad de Buenos Aires. La obra, inspirada en la película Sunset Boulevard (1950) de Billy Wilder, se presentó por primera vez a fines de 2025 en la sala Infinito del mismo centro y regresa con cambios en su puesta en escena. Las funciones serán los sábados y domingos de noviembre a las 20, con entrada gratuita.
En diálogo con el medio, Rotemberg explicó que el cambio de sala implicó una adaptación: «En la sala Infinito el público te rodea y está a una distancia mínima. Pasar a la sala Piazzolla, una sala tradicional a la italiana, nos ponía frente a algo muy distinto. Ensayamos muchísimo, pero gran parte del tiempo se lo llevó esa adaptación a un escenario tan diferente. Un trabajo arduo, pero que terminó desembocando en otra obra, algo menos performático, con un espectador más observador y menos participativo».
La trama de la obra gira en torno a Norma Desmond, una estrella del cine mudo que se resiste a su decadencia, personaje interpretado por Gloria Swanson en el filme. Según Rotemberg, la película es «solo una excusa para hablar sobre las cosas que a mí me interesan y que están en la película: la muerte, el paso del tiempo, el deterioro del cuerpo. Y también aparece algo del personaje tiránico y egocéntrico que interpreta Gloria Swanson, y además mucha metatextualidad respecto de la danza, quiero decir, muchas referencias a la danza».
El director también se refirió a la estructura de la obra: «Sin duda, no tiene una forma narrativa, con comienzo, desarrollo y final. Es en todo caso como un monólogo interior, pero el monólogo de un fantasma». En cuanto a los intérpretes, señaló: «Yo soy Norma Desmond y los bailarines son Norma 1 y Norma 2, sus proyecciones en el pasado. Hay, por otra parte, un equilibrio entre el movimiento y la palabra, que permite a los muchachos lucirse físicamente; ellos tienen poquísimo texto». Los bailarines son Valentín Garingella y Ezequiel Posse.
Rotemberg recordó su trayectoria antes de dedicarse a la danza: estudió piano, pintura, escultura y paisajismo, y luego ingresó a la Universidad del Cine. La danza llegó a su vida por recomendación de una compañera de las clases de teatro que tomaba en la escuela de Ricardo Bartís. «Fue un gran descubrimiento y una dedicación muy intensa: tomaba dos o tres clases de danza por día y empecé a participar como intérprete de algunas obras», contó.
Sobre el origen de Mi joven vida tiene un final, explicó: «Por un lado, quería volver al escenario, lugar que dejé hace tiempo para dedicarme solo a la dirección. Por otro, empecé sin una idea precisa como suelo hacer. Fueron cuatro o cinco ensayos, improvisaciones con los dos bailarines, Valentín Garingella y Ezequiel Posse, sin llegar a nada. Y de pronto, volviendo a mi cinefilia, no sé por qué me apareció la imagen de Sunset Boulevard y del personaje de Norma Desmond. La obra es coreográfica, pero tiene mucho texto y sobre él también fui improvisando».
Consultado sobre las formas que asumen los personajes, Rotemberg dijo: «Alguna gente nos dice que somos Urdapilleta, Tortonese y Batato Barea. Admiro especialmente a Urdapilleta y aunque no soy actor, creo que hay algo de esa energía en el espectáculo, algo igualmente del exceso y también del mundo queer. Pueden gustarte mis obras o no, pero no puede negarse que hay siempre una tremenda entrega por parte de los intérpretes».
La obra se presenta los sábados y domingos de noviembre (desde el 7) a las 20 en el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín, con entrada gratuita.
