El juez del Supremo Tribunal Federal ordenó retener los pasaportes del senador Flavio Bolsonaro tras la confirmación de la reelección de Lula. Dos días después, el candidato derrotado cruzó a la Argentina y voló a Miami.
BRASILIA.– Siete minutos después de confirmada la reelección de Luiz Inacio Lula da Silva, el domingo pasado, la Policía Federal (PF) solicitó retener los pasaportes de Flavio Bolsonaro. El juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes ordenó la medida esa misma noche. Dos días después, el candidato derrotado cruzó por tierra a la Argentina y voló con destino final a Miami.
La medida que buscaba evitar la fuga no la impidió, sino que la precipitó, y devolvió al centro de la escena al juez que había sido el principal antagonista del bolsonarismo, hoy también un problema para el gobierno, según analistas.
El pedido de la PF para retener los documentos del hijo del expresidente Jair Bolsonaro se había apoyado en tres puntos: los dichos de Eduardo Bolsonaro, que había sugerido que su hermano dejara el país si perdía; el poder económico del senador; y la existencia de estructuras en el exterior para recibirlo.
Flavio había prometido entregar los documentos, en respeto a la decisión. No lo hizo. “Fue una decisión poco ponderada. No era el momento”, dijo a LA NACION Leandro Gabiati, doctor en Ciencia Política y director de Dominium Consultoría. Si bien la decisión pudo haberse fundamentado en información que preveía la fuga, Gabiati sostiene que la derecha consiguió el relato que buscaba: “Persecución, dictadura, líderes que tienen que ejercer su liderazgo desde afuera. Esto es malísimo para la reputación de Brasil”.
El momento elegido tampoco pasó inadvertido. Durante la campaña, la oposición había hecho del juicio político contra Moraes una de sus banderas, y Flavio llegó a ser visto como favorito. Una victoria suya habría dejado al juez muy expuesto. Su derrota alivió ese riesgo, y por eso, según analistas, la orden emitida horas después del resultado se leyó como una reacción visceral. “Una vendetta”, dijo Gabiati.
La decisión irritó a la campaña de Lula y a algunos ministros del STF que buscaban bajar la tensión, según publicó la agencia Bloomberg. En el gobierno, la consigna fue no amplificar el episodio. Un asesor del Planalto dijo a LA NACION que la fuga “genera incomodidad a la oposición, no al gobierno”. “No había orden de detención contra él. (Flavio) Debe haber hecho el cálculo de que iba a terminar preso y se fue”, agregó.
En el ojo de la tormenta
Moraes ya estaba en el centro de la tormenta por el escándalo del Banco Master, el mayor fraude bancario del país: se revelaron mensajes suyos con el dueño, Daniel Vorcaro, y un contrato de R$ 129 millones del banco con el estudio de abogados de su esposa. La Procuraduría General de la República concluyó que el contrato no es ilícito, y ella niega haber actuado ante el STF.
Desde el balotaje, Lula ha transmitido a su equipo que tendrá una relación más distante e institucional con los ministros del Supremo, en especial con Moraes, según O Globo. La crisis dejó heridas en ambos lados. Mientras que el juez se sintió abandonado, Lula pagó el costo de la asociación. En la corte creen que ese distanciamiento es más un deseo que una decisión.
En el Planalto creen que la crisis golpeó a Lula en la primera vuelta del 4 de octubre, cuando Flavio se impuso por 2,2 millones de votos. “La crisis del STF había secuestrado el debate electoral. Habíamos quedado en la disyuntiva sistema contra antisistema”, dijo una fuente próxima de Lula. En la campaña rumbo al balotaje del 25, en cambio, el tema perdió espacio.
El futuro del juez, que si sigue en la corte asumiría la presidencia del STF en 2027, se juega en el Senado, que puede destituirlo con 54 de 81 votos. Al menos 49 senadores de la próxima legislatura apoyan en algún grado el juicio político a ministros del STF, según Folha de S.Paulo.
La llave es la presidencia de la Cámara alta, que se elige el 1.º de febrero. Compiten Davi Alcolumbre, actual presidente, cercano a Moraes y que en la campaña actuó para favorecer la reelección de Lula, y Rogério Marinho, del PL, que fue coordinador de la campaña de Flavio. Quién será el presidente del Senado es decisivo, porque es la única autoridad capaz de habilitar la discusión sobre un juicio político. “Si gana Marinho, aumenta la chance de juicio político contra Moraes. Alcolumbre entregaría otras cosas, pero no a ministros del Supremo”, explicó Gabiati.
Una salida interna para Moraes, desde la corte, es menos probable, según analistas. Los ministros temen que, si cae uno, puedan caer otros. El juez André Mendonça, nombrado por Jair Bolsonaro para el Supremo, impulsó un pedido de investigación contra Moraes por sus mensajes con Vorcaro, pero el análisis está frenado desde el 15 de septiembre por un pedido de vista del juez Flavio Dino, aliado de Lula en la corte.
Según la columnista Mônica Bergamo, de Folha, ministros del STF quieren que Moraes, como relator, ponga en agenda cuanto antes la acción sobre la Ley de Dosimetría, que podría reducir el tiempo de Bolsonaro en régimen cerrado de siete años a poco más de dos. La idea es bajar la tensión con el nuevo Senado, corrido como nunca hacia la derecha y con el PL como mayor bancada.
Para Gabiati, el episodio de la fuga y la intervención de Moraes perjudican a Lula. En lugar de hablar de su victoria, Brasil pasó la semana hablando de Flavio. Y el juez, advierte el analista, juega su propio partido: “Moraes no está pensando en Lula. Está pensando en su propia supervivencia”.
