Un lector describe una escena en una esquina de Rosario y plantea una reflexión sobre las adicciones con prestigio y las adicciones con prontuario. La carta fue publicada en el diario Clarín.
En la sección de cartas al director del diario Clarín, el lector Nelson Abaca publicó un texto titulado «¿Qué es lo que no podemos decir?» en el que relata una escena observada en una esquina de Rosario.
Según el relato, una mujer estaba «metida hasta la cintura en un contenedor de basura» y le alcanzaba bolsas a un niño de aproximadamente 8 años. El padre de la criatura abría las bolsas sobre la vereda y separaba cartón, botellas y «algo que todavía se puede comer». En la misma esquina, según el autor, «tres pibes y una piba se pasan una pipa hecha con un pedazo de antena» y «fuman paco a las 10 de la mañana». El lector menciona que él pasaba por el lugar con un celular en la mano, contestando un mensaje de trabajo.
El autor sostiene que «de este lado del Paraná la escena se repite tanto que dejó de ser escena. Es paisaje». A partir de ello, plantea una distinción entre «adicciones con prestigio y adicciones con prontuario» y afirma que «las dos caminan por la misma vereda sin mirarse».
Asimismo, el texto indaga en la etimología de la palabra «adicción»: «Los romanos entendían algo más duro. El addictus era el deudor que el juez le entregaba como esclavo a su acreedor, y la deuda se cobraba con el cuerpo». El autor compara esa situación con la de los jóvenes de la esquina, que «le deben al transa y el transa cobra», y con la propia: «mi acreedor me manda notificaciones y me cobra en horas de sueño», aunque luego relativiza: «Mi deuda se paga con insomnio. La de ellos se paga con la vida».
Hacia el final, el lector se pregunta: «¿Qué es lo que no podemos decir? Tal vez esto, que esa esquina también es nuestra, que el paisaje lo hacemos entre todos y que mirar el celular es la forma más educada de no mirar». El texto cierra con una descripción: «Levanto la vista. El pibe me está mirando. No nos decimos nada. O en esa mirada nos decimos todo».
La carta está firmada por Nelson Abaca y su correo electrónico de contacto es [email protected].
En la misma sección se publicaron otras dos cartas. Una de ellas, firmada por Mercedes Moreno Klappenbach, lleva el título «Creemos en la democracia, no sembramos caos» y sostiene que «los ciudadanos podemos estar disconformes con un gobierno o con algunas medidas, pero eso no nos da derecho a ser violentos». La autora diferencia las protestas pacíficas de los actos violentos y afirma que «lo que está pasando en Francia, España, Italia y Bélgica es de terror» y que «son desmanes orquestados por movimientos violentos de la ultra izquierda».
La tercera carta, titulada «Los extremos solo traen sufrimiento y desigualdad» y firmada por Susana Mastronardi, plantea que «a mí no me gustan los extremos» y que «en nombre del ‘pueblo’ o de la ‘patria’ se ha terminado por destruir a la clase media». La autora considera «urgente crear oportunidades para todos» y concluye: «No creo en los extremos ni estaré nunca de acuerdo con ellos».
