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Dudas sobre la reelección de Milei y movimientos en la oposición hacia 2027

Un informe de Q Social registra un electorado dividido en tercios entre Milei, el PJ y una alternativa a ambos polos. El desgaste económico y las turbulencias políticas alimentan las especulaciones sobre la reelección del Presidente. El PRO busca alternativas, Patricia Bullrich evalúa sus próximos pasos y el PJ discute candidaturas y programa.

Un reciente informe de Q Social registró un electorado casi dividido en tercios, entre Milei, el PJ y quienes buscan una alternativa a ambos polos. En los escenarios de balotaje relevados, esa tercera opción podría imponerse a uno u otro, en un contexto donde el 57% está dispuesto «a votar a alguien que no le guste del todo con tal de que le gane al candidato que menos quiere».

Las dudas respecto de si el Presidente es la carta para el año que viene dejaron en stand by el impulso de LLA a la suspensión de las PASO, pero en paralelo agitaron movimientos en los distintos espacios.

La economía y las dudas sobre Milei

«Si aparece un peronista de derecha, gana sin mover un dedo», cavilaba un dirigente de línea directa con Casa Rosada. Y se preguntaba por qué ese «treinta y pico» que ostenta hoy Milei no será menos en unos meses. «Lo lógico sería que siga cayendo, porque la actividad sigue baja, sube el desempleo y rebotó la pobreza, y nada indica que haya un florecimiento en 2027», seguía. En su razonamiento, LLA vuelve a cometer un error que ya cometió: llegar al año electoral con el dólar atrasado.

«La economía ya está en recesión, no hay vuelta con eso», mencionaba el mismo dirigente, ya conocido el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de agosto, que tuvo una leve mejora del 0,1% mensual. No logró recuperar prácticamente nada del 2,8% que había perdido en el mes previo. Así, la economía queda a tiro de dos trimestres consecutivos de caída, la condición técnica de lo que se denomina una recesión.

A esto se suman otros elementos: el empleo registrado acumula 14 meses consecutivos de caída. «Todos los meses le da 13 mil empleos menos, parece como que siempre da lo mismo», refería un dirigente del PRO que acompaña la candidatura de Hernán Lacunza y rechaza un acuerdo entre amarillos y violetas. En ese rincón sostienen que, además, el mercado ya no convalida el equilibrio fiscal, ya que los intereses de los instrumentos capitalizables representan cerca de un punto del PBI. Es decir, el 0,1% de superávit se convertiría en un déficit de 0,9%.

«Salvo que hayan encontrado la maquinita de la felicidad: generar deuda sin intereses, porque no se computan ni cuando se emite ni cuando se paga», reflexionaba. El combo tiene componentes políticos: a las turbulencias económicas y financieras, con un riesgo país en un pico anual de más de 700 puntos, deben añadirse los propios tropezones del oficialismo, que han llevado a Milei a pasar de ser el candidato anticasta a quedar reducido al antiperonismo. O, incluso más: al antikirchnerismo, uno de los sectores del PJ.

Esa ecuación lleva a que la principal carta que sostiene al libertario sea la inflación a la baja, un mérito que implica sacrificios: seguir aspirando pesos del mercado a costa de tasas altas y sostener un dólar en niveles que los sectores productivos cuestionan por la pérdida de competitividad. Es decir, controlar el IPC implica seguir enfriando la economía. «El dólar, para no tener problemas el año que viene, debería estar un 20% arriba, esta película ya la vimos en 2025», agregó.

El PRO, Bullrich y la tercera vía

El exministro de Economía de Juntos por el Cambio Hernán Lacunza está dispuesto a seguir adelante con su candidatura, pese a los impulsos del ala acuerdista del PRO. «Piden cargos, que no les compitan en sus distritos y lugares en las listas, una agenda más casta que esa no hay», apuntaban contra el otro bando amarillo, integrado por los tres mandatarios (Rogelio Frigerio, Ignacio Torres, Jorge Macri), Cristian Ritondo y Fernando De Andreis. Con un Mauricio Macri casi prescindente, el grupo del exministro incluye a María Eugenia Vidal, Humberto Schiavoni, el jefe de bloque del Senado Martín Goerling Lara y Jorge Triaca. Postulan que hay margen para ensanchar la tercera vía y dotarla de condiciones electorales.

Un análisis similar es el que hace Patricia Bullrich, quien evalúa sus próximos pasos. En su entorno concluyeron que Milei no reelige. Sabe que la candidatura por dentro del espacio será una quimera. No solo Karina le bloqueará el ascenso, sino que en el karinismo sospechan que su lealtad a los libertarios durará un suspiro una vez colocada la banda. Y el Presidente decidió desoír los pedidos de su exministra de Seguridad de desconcentrar las decisiones políticas que hoy apretuja en sus manos la secretaria general de la Presidencia.

No fueron casuales las tandas de tuits en las que Bullrich volvió a desmarcarse y dejó entrever una posible salida del oficialismo. La exministra acondiciona un sello de Corrientes, un partido nacional que le sirva de plataforma. «Estamos atentos, escuchando», dicen en el Litoral. Mientras, Bullrich busca un postulante a gobernador de Buenos Aires, imprescindible para dar el salto.

En ese juego, los gobernadores buscan garantizar que Karina no les ponga rivales en sus distritos. Observan la volatilidad del precio político de LLA y, en momentos a la baja como este, tratan de sacar algo más. Pero los jefes provinciales también están dispuestos a adelantar la contienda para sacarse de encima la renovación en el pago chico.

Un ejemplo creciente se da en materia de política internacional. Tras los insultos a Lula, quedaron varados camiones con frutas del Alto Valle en la frontera con Brasil. Se pudrieron, con pérdidas millonarias para los productores. Otra provincia sufrió un parate en las negociaciones con aerolíneas del vecino país (Azul y Gol), que planeaban aumentar frecuencias para la temporada de verano.

El mayor paso en falso se verifica en el sobregiro de la cuestión Malvinas y el nacionalismo, una agenda que no asomaba entre las prioridades del mileísmo. Las quejas de EEUU podrían llevar a freezar la ley que contempla sanciones a las empresas que participen de la explotación offshore, mientras Donald Trump busca desactivar el Comité de Descolonización de la ONU.

El peronismo y las PASO

El PJ ensayó esta semana una foto de unidad en la Casa de La Pampa, donde Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner compartieron una mesa con gobernadores y legisladores. La defensa de las PASO fue el principal punto de coincidencia, aunque detrás de esa imagen persisten las diferencias sobre el armado de 2027.

Kicillof ya desembarcó en la Ciudad de Buenos Aires, mientras Massa volvió al ruedo con reuniones con facultades y gremios. También está anotado el sanjuanino Sergio Uñac, que no oculta sus aspiraciones presidenciales. En el PJ empiezan a aparecer voces que cuestionan que el gobernador bonaerense sea el candidato natural. «OK, entonces que venga otro candidato mejor y me gane en las PASO», es la respuesta de La Plata.

«Cristina necesita ganar, es la única forma de mantener poder. Si el peronismo no gana, Cristina presa desaparece», expresaba un dirigente del interior. También hay quienes mencionan que, si La Cámpora se queda con el candidato a gobernador de Buenos Aires, el kirchnerismo podría fortalecerse desde allí.

En paralelo, el peronismo federal se reunió en Chubut, con una agenda centrada en la producción, la educación y el desarrollo energético. Allí gana terreno una idea: primero discutir el proyecto y después los candidatos. El equilibrio fiscal, el ordenamiento de la protesta callejera y el control de la inflación aparecen como ejes que no necesariamente deberían ser abandonados.

La defensa de las PASO tiene otra explicación. No solo permitirían ordenar las candidaturas, sino también ofrecer distintas opciones internas sin romper la unidad. En el PJ advierten que el Gobierno se equivoca si apuesta a una fragmentación inevitable del peronismo. «El peronismo pone de candidata a Mafalda y saca 25 puntos de base», exageraba un dirigente.

Pero hay otra paradoja. Una elección sin PASO empieza a no resultar tan conveniente para el propio oficialismo. «La eliminación de las primarias podría derivar en una oferta fragmentada de cinco o seis candidatos, cada uno con entre 15 y 20 puntos, sin que ninguno consiga ordenar previamente su espacio. Como en Perú o como Argentina en 2003», decía un hombre del PRO. «En ese esquema, hasta podría imaginarse un balotaje entre Myriam Bregman y cualquier otro postulante. Tampoco es algo que les guste a los mercados», agregaba.

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