La cooperativa social de inclusión laboral El Pase, fundada por Martín Herrero en Trenque Lauquen, capacitó a 165 personas privadas de su libertad en la fabricación artesanal de pelotas de fútbol. El proyecto, que comenzó en 2015, busca reducir la reincidencia delictiva mediante la enseñanza de habilidades blandas y oficios.
La cooperativa social de inclusión laboral El Pase, con sede en Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires, capacitó a 165 personas privadas de su libertad en la fabricación artesanal de pelotas de fútbol desde su apertura en 2015. El proyecto fue fundado por Martín Herrero, de 57 años, quien declaró que el objetivo es que los internos adquieran habilidades blandas y puedan reinsertarse laboralmente al recuperar la libertad.
Herrero, nacido en Salazar y residente en Trenque Lauquen desde fines de 2000, comenzó a visitar en 2007 la Unidad 20 de esa localidad junto al sacerdote Pedro, en el marco de la pastoral carcelaria. Según relató, en esas visitas observó que «la cárcel es el lugar más fácil donde trabajar con lo emocional porque el que cayó preso casi que tocó fondo». A partir de esa experiencia, decidió crear una empresa que fabricara un producto para vender y empleara a personas privadas de libertad.
La idea de fabricar pelotas surgió en 2010 durante un retiro en la cárcel de San Nicolás, cuando el cura Damián Vidano le mostró unas máquinas esféricas que usaba para hacer pelotas con chicos del barrio. Herrero afirmó: «Me explotó la cabeza. De ahí sale la idea de la pelota, es un plagio total». La producción comenzó en 2015 en un galpón de 10×10 metros prestado por Cáritas, con una producción mensual de alrededor de 200 pelotas que se venden a empresas y clubes. Una planta industrial grande de Argentina produce entre 40.000 y 50.000 pelotas mensuales, según el texto.
El proceso de fabricación artesanal incluye el corte de 32 paneles (12 pentágonos y 20 hexágonos), el cosido a mano con punzón e hilo de nylon de alta resistencia, la colocación de una cámara de látex o butilo y el sellado final. Herrero sostuvo que el foco de El Pase no está en la capacitación técnica sino en «las habilidades blandas que los prepare para la libertad». Agregó: «Acá hay códigos, hay límites, hay normas, hay trabajo de equipo, hay un montón de otras cosas que no suceden en la cárcel».
Los internos que acceden al programa deben cumplir requisitos judiciales para obtener una salida laboral y concurren solos al centro de Trenque Lauquen, sin seguridad. Herrero explicó que el objetivo es «que los chicos entiendan que están presos por las decisiones que tomaron» y que al quedar en libertad «no entren en esa calesita que los vuelve a depositar en la cárcel».
Luis Gopar, quien estuvo privado de libertad y hoy trabaja como peón en la Estancia Las Elenas, declaró: «El Pase me devolvió la vida, volví a nacer». Contó que durante un año y medio se trasladó 20 kilómetros de lunes a sábado en bicicleta para participar del taller. Brisa Galiano, madre soltera que trabaja en el taller textil de El Pase, afirmó: «Aparte de un trabajo, es un lugar de contención».
Rafael Brandes, amigo personal de Herrero y colaborador de El Pase, dueño de la Estancia Las Elenas, relató que inicialmente le dijo a Herrero: «Los presos que se pudran en la cárcel, por algo están ahí». Luego agregó: «A partir de este proyecto me demostró cómo se rompen los prejuicios y uno empieza a ver al ser humano».
Herrero informó que el próximo objetivo es construir un edificio nuevo para la fábrica de pelotas, el taller textil y espacios para niños. Quienes deseen colaborar pueden donar al alias elpase o comunicarse al +54 9 2392 49-4528.
