Micaela Mastropasqua se formó en Buenos Aires y vivió en Valencia, Madrid y Venecia antes de instalarse en la capital italiana, donde obtuvo el primer premio en Roma Future Week y expone en la Galleria della Pigna.
Micaela Mastropasqua, artista argentina formada en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano de Buenos Aires, reside en Roma desde hace ocho años. En octubre de 2026 obtuvo el primer premio de pintura en Roma Future Week y fue invitada a participar en una muestra de arte sacro organizada por la Asociación UCAI (Unione Cattolica Artisti Italiani) en la Galleria della Pigna, donde su obra puede verse hasta el 9 de octubre.
Antes de instalarse en Roma, Mastropasqua vivió en Valencia, donde se especializó en cerámica en la Escuela Superior de Cerámica de Manises, y en Venecia, donde cofundó el taller de cerámica La Ciotola en el Lido. En Roma eligió el barrio de Pigneto, próximo al Cinema Aquila.
La artista declaró que su acercamiento al arte sacro se produjo a través de la visita diaria a iglesias, atraída por la arquitectura como fuente de inspiración. Mencionó entre sus lugares frecuentados la Basílica de Santa Croce in Gerusalemme, donde se encuentra la tumba de Antonietta Meo, y las basílicas de Santa Prassede, Santa Maria Maggiore, San Pablo Extramuros y San Clemente.
Según su relato, la figura de San Francisco de Asís, de quien se cumplen ochocientos años de su fallecimiento en 2026, fue central en su producción pictórica. «San Francisco de Asís me abrió puertas como pintora en Roma», afirmó.
Mastropasqua sostuvo que mantiene vínculos con Argentina y que planea incorporar imágenes y símbolos de la religiosidad local, como la Virgen de Luján o San Expedito, a su trabajo. «Me interesa ver qué sucede cuando esas imágenes, símbolos y formas de religiosidad que pertenecen a mi historia entran en diálogo con todo aquello que fui descubriendo en Italia», expresó.
La artista describió su vida cotidiana en Roma en torno al café en el bar, las caminatas con visitas a iglesias y largas horas de silencio y pintura. «Roma no solo no me decepcionó, sino que sembró en mí nuevas pasiones que ayudaron a hacer crecer mi arte», concluyó.
