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El sur de Florida concentra la mayor diversidad de lagartos invasores del mundo

Un informe del Miami Herald señala que el sur de Florida registra decenas de especies de lagartos exóticos, una concentración sin comparación a nivel global. Científicos y autoridades estudian su impacto en el ecosistema y las opciones de manejo.

La presencia de lagartos exóticos en el sur de Florida entró en una nueva etapa por la cantidad de especies detectadas y por su instalación en barrios, parques y áreas naturales. El fenómeno atrae la atención de científicos y autoridades porque combina presión sobre el ambiente, desafíos de manejo y una convivencia cada vez más visible con la población.

Un informe de Miami Herald señaló que el sur de Florida reúne decenas de especies introducidas y que, para los investigadores, esa concentración no tiene comparación con la de otras regiones del mundo. Mario Zuliani, investigador posdoctoral de la Universidad de Florida, explicó al medio que ni siquiera existe un conteo definitivo. “Parece que cada vez que creemos que lo sabemos, aparece una o dos más”, afirmó el especialista.

El reporte atribuyó esa expansión al clima cálido, al comercio de mascotas y a la liberación de ejemplares en el ambiente. Zuliani también aclaró ante Miami Herald que el origen exótico de una especie no alcanza, por sí solo, para considerarla un problema. La evaluación cambia, explicó, cuando ese animal altera ecosistemas, afecta otras poblaciones o genera consecuencias directas en la vida diaria.

No todas las especies invasoras generan el mismo efecto

Uno de los ejemplos que citó Miami Herald es el del brown anole, una pequeña lagartija marrón que hoy aparece por todas partes en el sur de Florida. Aunque muchos habitantes lo consideran nativo, en realidad llegó desde Cuba y las Bahamas. La Universidad de Florida lo identifica como el primer reptil introducido en el estado con documentación histórica, probablemente a fines del siglo XIX.

Zuliani aseguró que esta especie no desplaza de forma significativa a la fauna local ni provoca daños conocidos. El informe incluso recordó estudios recientes que le atribuyen una posible función adicional. Estas lagartijas podrían absorber picaduras de mosquitos y reducir molestias para las personas, además de cortar parte del contacto con insectos transmisores de enfermedades.

La situación cambia con otras especies. Natalie Claunch, bióloga de vida silvestre del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, advirtió en una declaración escrita que el rock agama, también llamado lagarto arcoíris, se alimenta tanto de anoles marrones como de anoles verdes nativos. El mismo reporte señaló que estos reptiles además excavan debajo del concreto, con efectos sobre veredas y otras estructuras urbanas.

Claunch añadió otro elemento de preocupación. En su área de origen, estos animales fueron asociados con helmintos, es decir, gusanos parásitos con capacidad de causar enfermedades en humanos. Ese antecedente refuerza la atención científica sobre una especie que gana terreno con rapidez.

El control del rock agama todavía no ofrece una salida sencilla

El avance del rock agama ya motivó ensayos específicos para evaluar formas de remoción. Miami Herald repasó un estudio publicado en Frontiers in Amphibian and Reptile Science que comparó tres métodos: trampas con grillos como cebo, captura con una vara y línea (técnica similar a la pesca) y uso de rifle de aire comprimido por personal entrenado.

El sistema más eficaz fue el disparo controlado con rifle de aire, descrito en el trabajo académico como “eutanasia simultánea mediante proyectil”. Los investigadores lograron retirar 27 lagartos con ese recurso. La pesca con cebo permitió capturar cuatro ejemplares. Las trampas alcanzaron seis capturas.

El análisis económico marcó otra diferencia. El estudio calculó USD 36 por lagarto en el método con rifle de aire. La técnica con vara y cebo elevó el costo a USD 111 por ejemplar. Pese a esos resultados, los propios autores reconocieron que esa estrategia tiene poca aplicación doméstica. La mayoría de los residentes no cuenta con personal especializado ni con condiciones adecuadas para intervenir de esa manera. Claunch indicó a Miami Herald que el equipo ya trabaja en nuevas pruebas para encontrar opciones más accesibles y sencillas para la población.

Del tegu al monitor del Nilo, los casos de mayor preocupación

Entre las especies que más inquietan a los científicos aparece el tegu argentino blanco y negro, originario de Argentina. El artículo indicó que llegó al sur de Florida hacia 2009 y puede alcanzar 1,2 metros de longitud. Su dieta incluye huevos de caimanes, tortugas, tortugas terrestres y aves, un hábito que lo convirtió en un problema serio para ecosistemas sensibles.

Otro caso es el monitor del Nilo, procedente del África subsahariana. Miami Herald informó que puede medir entre 1,5 y 2,4 metros. También detalló que tiene dientes filosos y lengua azul, y que existe un programa federal de extracción en un punto crítico de Homestead Air Reserve Base, en el sur de Miami-Dade.

Una lista amplia que ya forma parte de la vida diaria en el sur de Florida

La nota también incluyó otras especies frecuentes en la región: curly-tailed lizard (introducido en Palm Beach en la década de 1950), brown basilisk (conocido por correr sobre el agua), Cuban knight anole (de mayor tamaño que el anole común) y house gecko (habitual en techos y paredes dentro de casas).

El caso más conocido sigue siendo el de la iguana. El informe de Miami Herald recordó que estos reptiles comen plantas, ensucian piscinas, pueden agredir mascotas y hasta generar problemas en líneas eléctricas.

Frente a ese escenario, Zuliani destacó el uso de plataformas de ciencia ciudadana como iNaturalist. El investigador afirmó que ese caudal de observaciones ya ofrece una base útil para seguir la expansión de estas especies y aportar información para futuras decisiones públicas sobre el manejo de fauna invasora en el estado.

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