Inaugurada en 1913, la estación neoyorquina fue un símbolo de la modernidad industrial. Hoy, en un contexto de transformación digital, su legado se compara con los nuevos templos tecnológicos.
La Gran Central Terminal de Nueva York, inaugurada en 1913, fue construida sobre una estación previa de 1871. Desde entonces, se convirtió en un emblema de la modernidad y de la Revolución Industrial, con dimensiones que reflejaban el espíritu de su época.
El edificio ha sido escenario de numerosas producciones cinematográficas, desde thrillers de Hitchcock hasta películas animadas como Madagascar, lo que contribuyó a su reconocimiento mundial.
Con el paso del tiempo, los aeropuertos y las autopistas desplazaron a las estaciones de tren como principales símbolos de progreso. Posteriormente, internet transformó la comunicación y el acceso a la información.
En la actualidad, los centros de datos emergen como nuevas infraestructuras clave de la era digital. Queda por verse cómo estos espacios plasmarán la experiencia humana en el futuro, similar a la sensación de pequeñez que puede experimentar un viajero al contemplar los ventanales de la estación neoyorquina.
