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El Niño 2026: los 7 riesgos para la salud en América Latina, según un informe de la OPS

Un nuevo episodio de El Niño se desarrolla desde fines de mayo y podría afectar la salud pública en América Latina y el Caribe. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) identificó siete riesgos sanitarios vinculados al fenómeno.

Un nuevo episodio de El Niño se está desarrollando desde fines de mayo y podría afectar la salud de la población de América Latina y el Caribe. El fenómeno meteorológico comienza con el calentamiento del Océano Pacífico y puede derivar en brotes de dengue y otras infecciones en varios países de la región. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) elaboró un informe de inteligencia sanitaria en el que identificó siete riesgos simultáneos para la salud pública y la seguridad humanitaria.

El informe, publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública, proyecta que el fenómeno se mantendrá activo hasta el verano austral de 2027. Los riesgos identificados son:

  • Enfermedades transmitidas por mosquitos: dengue, chikungunya y malaria.
  • Enfermedades transmitidas por el agua: cólera e infecciones intestinales.
  • Enfermedades prevenibles por vacuna: sarampión y otras.
  • Enfermedades respiratorias y estrés por calor.
  • Desnutrición e inseguridad alimentaria.
  • Salud materna, infantil y mental.
  • Lesiones, violencia de género y desplazamiento.

El Niño ocurre cuando las aguas del océano Pacífico ecuatorial se calientan más de lo normal durante meses. Ese calentamiento altera los patrones de lluvia y temperatura en gran parte del planeta. En el hemisferio sur, los efectos más fuertes se esperan desde el invierno en curso hasta el verano del próximo año.

Francisco Chesini, magister en salud pública por la Universidad de Buenos Aires y becario doctoral del CONICET en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), declaró a Infobae: “Los pronósticos prevén la llegada de un nuevo fenómeno de El Niño. Este traerá diferentes efectos ambientales: se esperan precipitaciones más abundantes en el NEA —noreste argentino—, que pueden derivar en inundaciones, y déficit de precipitaciones en el sur de Córdoba, San Luis y el norte de La Pampa”.

Agregó: “Será importante la preparación para eventos extremos, como inundaciones en el litoral y sequías en la zona centro, que pueden aumentar el riesgo de incendios”.

El informe de la OPS señala que “las temperaturas oceánicas y atmosféricas excepcionalmente cálidas pueden amplificar o modificar las anomalías climáticas previstas, incluidas las sequías y las inundaciones, y sus impactos asociados en la salud pública”.

Durante el invierno austral, Centroamérica, el Caribe, el norte de Sudamérica y la cuenca del Amazonas enfrentan condiciones más secas y calurosas. Esa combinación eleva el riesgo de incendios forestales, escasez de agua, desnutrición y enfermedades respiratorias por el humo. En el extremo opuesto, Ecuador, el norte de Perú, el oeste de Colombia, el sur de Brasil, Paraguay y la Argentina pueden registrar lluvias por encima de lo normal, lo que incrementa el riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y enfermedades transmitidas por el agua y por insectos.

La OPS precisó que “los niveles de riesgo para la salud pueden variar según la región, el país, dentro de los países y entre distintos períodos de tiempo”. En zonas con sequía, el almacenamiento de agua en recipientes domésticos puede convertirse en criaderos del mosquito Aedes aegypti, vector de dengue y chikungunya.

En el verano, las inundaciones en zonas húmedas podrían dañar los sistemas de saneamiento y contaminar las fuentes de agua potable. La OPS advirtió que “la convergencia de riesgos sanitarios sensibles al clima con riesgos prioritarios de salud pública es preocupante”, e incluyó al cólera, la malaria, el sarampión, las enfermedades respiratorias, el estrés por calor y los impactos en la salud materna e infantil.

El cólera es una infección intestinal grave que se propaga por agua o alimentos contaminados; la malaria es una enfermedad parasitaria transmitida por mosquitos. Ambas se vuelven más difíciles de controlar cuando las inundaciones colapsan la infraestructura de agua y saneamiento. Los países con pobreza, desplazamiento de población y sistemas de salud débiles son los más afectados. Las lluvias extremas pueden interrumpir las cadenas de vacunación, lo que podría facilitar el regreso del sarampión en zonas con brechas de inmunización.

El chikungunya representa otro riesgo: en países donde el virus estuvo años sin circular, la población puede haber perdido parte de su inmunidad. Cuando el mosquito transmisor prolifera por las condiciones húmedas del verano austral, ese déficit de protección se convierte en un problema.

La OPS recomendó a los países actuar antes de los peores impactos del verano. Las acciones prioritarias incluyen reforzar el acceso al agua potable, intensificar la vigilancia de mosquitos, mantener activos los servicios esenciales de salud y activar planes de contingencia para olas de calor e incendios. La vigilancia debe cruzar datos climáticos y de salud en tiempo real.

Chesini sostuvo: “Es muy importante que los sistemas de salud y las áreas de protección civil a nivel local trabajen articuladamente para prevenir efectos de El Niño en la salud”.

Alejandra Bonadé, coordinadora de la diplomatura en Gestión Integral de Riesgo y Desarrollo Resiliente de la Universidad Nacional del Delta, opinó tras leer el informe: “El fenómeno de El Niño es un evento de origen natural. Según el lugar donde habitemos tendremos exceso o escasez de agua. Pero debemos ir más allá y considerar los impactos sobre la población. Cada evento puede derivar en otro. Por eso es necesario abordarlo de manera integral”.

Bonadé señaló: “Es clave pensar y repensar qué otros eventos se pueden asociar con las inundaciones pluviales o fluviales”. Agregó: “Cada persona debería preguntarse: ‘¿Tendré rutas sin acceso? ¿Tendré dificultades para llevar adelante mis acciones diarias? ¿Podré acceder a los establecimientos de salud? ¿Habrá desabastecimiento de algunos insumos?’”.

Los especialistas recomendaron seguir las fuentes oficiales, como los servicios meteorológicos de cada país, preparar un plan familiar y contar con celulares cargados. Bonadé concluyó: “En bolsas de plástico con cierre hermético se debería resguardar la documentación personal, el carnet de vacunación y la medicación necesaria para cualquier miembro de la familia. Se debe considerar a quién recurrir en caso de una emergencia. Lo que se debe evitar es improvisar: hoy el fenómeno de El Niño nos está dando tiempo para prepararnos, depende de nosotros”.

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