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La ciencia argentina reconstruyó 50 millones de años de evolución de los cetáceos

Un equipo de científicos del CONICET y la UNLP analizó 127 taxones de cetáceos actuales y extinguidos para reconstruir su evolución durante los últimos 50 millones de años. El estudio fue publicado en la revista Nature Communications.

Un equipo de científicos argentinos aportó una nueva perspectiva sobre la evolución de ballenas, delfines y marsopas al analizar cómo cambiaron la cantidad de especies y sus roles ecológicos durante los últimos 50 millones de años. Los resultados demostraron que ambos componentes no siempre evolucionaron de manera paralela.

La investigación fue realizada por especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). El trabajo, titulado Cetacean evolution through the lens of ecospace modeling and disparity analyses, fue publicado en la revista científica Nature Communications.

Los cetáceos protagonizaron una de las transformaciones más extraordinarias de la historia de los mamíferos: sus antepasados abandonaron progresivamente la tierra hasta convertirse en animales completamente acuáticos. Su amplio registro fósil permite reconstruir cómo evolucionaron su locomoción, alimentación, audición y capacidad para habitar diferentes ambientes.

Cómo se reconstruyó la evolución de ballenas y delfines

Para desarrollar el estudio, los investigadores analizaron 127 taxones actuales y extinguidos: 11 arqueocetos, 26 misticetos —el grupo de las ballenas con barbas y algunos de sus antepasados dentados— y 90 odontocetos, categoría que incluye a delfines, marsopas, cachalotes y otros cetáceos con dientes.

El equipo construyó un modelo de “ecoespacio”, herramienta que permite representar y comparar los nichos ocupados por los animales. Para ello integró variables como el tamaño corporal, la dentición, la dieta, los métodos de alimentación, la ecolocalización, las capacidades auditivas, la locomoción, el hábitat y la visión.

Además de medir la diversidad taxonómica, es decir, el número de especies que aparecieron o desaparecieron, los especialistas estudiaron la disparidad ecológica. Este concepto permite determinar cuán diferentes fueron las adaptaciones, formas de vida y funciones desarrolladas por las especies dentro de los ecosistemas marinos.

“Evaluamos cómo estos distintos factores ecológicos influyeron en el éxito evolutivo de las especies y, cruzando ambos enfoques, pudimos determinar la relación entre dichos factores y la diversidad taxonómica a lo largo del tiempo”, explicó la investigadora Mónica Buono.

Los tres momentos decisivos en la evolución de los cetáceos

El análisis identificó tres grandes episodios. El primero ocurrió entre el Eoceno y el Oligoceno, alrededor de 33 millones de años atrás, cuando se produjo la transición desde los cetáceos primitivos —con formas terrestres, anfibias y acuáticas— hacia los neocetos, linaje que reúne a misticetos y odontocetos.

El segundo se desarrolló entre el Oligoceno tardío y el Mioceno temprano, hace aproximadamente 23 millones de años. En esa etapa, los primeros misticetos dentados evolucionaron hacia formas sin dientes y con barbas, mientras los odontocetos capaces de utilizar la ecolocalización comenzaron a diversificarse rápidamente.

El tercer episodio tuvo lugar durante el Plio-Pleistoceno, período iniciado hace unos 2,58 millones de años. En ese intervalo se extinguieron numerosos linajes antiguos y comenzó a tomar forma la diversidad moderna de ballenas y delfines.

El principal descubrimiento fue el desacople entre la cantidad de especies y la disparidad ecológica. Durante el Mioceno, los cetáceos alcanzaron uno de sus mayores niveles de diversidad y expansión del ecoespacio. Sin embargo, cuando el número de especies disminuyó desde mediados de ese período hasta el Pleistoceno, la variedad de funciones se mantuvo relativamente estable.

Los investigadores interpretan que algunos nichos dejados por linajes extinguidos fueron ocupados posteriormente por otros cetáceos o, posiblemente, por distintos tetrápodos marinos, como los pinnípedos. El proceso no fue igual para todos: los odontocetos recuperaron y ampliaron parte del ecoespacio perdido, mientras los misticetos quedaron reducidos a una fracción de la diversidad ecológica que habían alcanzado en el pasado.

El estudio también determinó que las innovaciones biológicas y los cambios ambientales tuvieron distinta influencia en cada etapa. La transición inicial se explicaría mejor por factores biológicos, mientras que las diversificaciones posteriores coincidieron con variaciones en la temperatura, el nivel del mar y la productividad oceánica.

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