El 4 de julio de 1776, las Trece Colonias proclamaron su independencia en Filadelfia, estableciendo que el poder deriva del consentimiento de los gobernados. Dos siglos y medio después, historiadores y analistas consultados por LA NACION señalan que el liderazgo institucional de Estados Unidos está en discusión, mientras el país enfrenta un deterioro democrático y críticas internas y externas.
“Los Estados Unidos del Norte han acreditado al mundo la posibilidad de un gobierno libre y feliz bajo instituciones propias”, escribió Manuel Belgrano en El Correo de Comercio en 1810. La declaración del 4 de julio de 1776 en Filadelfia estableció que “todos los hombres son creados iguales” y que los gobiernos derivan su autoridad del consentimiento de los gobernados. Sin embargo, ese sistema revolucionario, que inspiró a independentistas de todo el mundo, incluidos los de la Argentina, es hoy objeto de cuestionamiento.
El historiador Harvey Mansfield, de la Universidad de Harvard, afirmó a LA NACION que los fundadores “eran conscientes de que su experimento se extendería más allá de su tiempo y su lugar” y destacó el principio del “consentimiento de los gobernados” como el legado más perdurable. Por su parte, el sociólogo Larry Diamond, de la Universidad de Stanford, señaló en un trabajo de 2015 que la “recesión democrática” afecta tanto a numerosas democracias como a Estados Unidos, y advirtió que “si Estados Unidos no recupera su lugar tradicional como piedra angular de la democracia, la actual tendencia autoritaria podría convertirse en un tsunami”.
Mansfield fue crítico con el presidente Donald Trump, a quien consideró “distante del compromiso con los principios de 1776” y sostuvo que “dista mucho de ser un hombre de honor”. En su discurso de investidura del 20 de enero de 2025, Trump mencionó la doctrina del “destino manifiesto” y afirmó que Estados Unidos “volverá a considerarse una nación en crecimiento, que aumenta nuestra riqueza, expande nuestro territorio”.
En la Argentina, el historiador Eduardo Lazzari señaló que la influencia de la Declaración estadounidense fue relevante en la emancipación rioplatense. “En el Acta de Tucumán el nombre de la nación es ‘Provincias Unidas en Sudamérica’, en claro paralelismo con los ‘Estados Unidos de América’”, explicó. Además, la Constitución argentina de 1853 adoptó un sistema federal, presidencialismo, división de poderes, control judicial y bicameralismo, inspirado en el modelo estadounidense. Lazzari agregó que “mientras los constituyentes norteamericanos se presentaban como ‘Nosotros, el pueblo’, los argentinos tomaron una visión mucho más de avanzada institucional cuando se identificaron apenas como ‘los representantes del pueblo’”.
La Declaración de 1776, pese a sus limitaciones históricas —como la exclusión de mujeres, la vigencia de la esclavitud y la no ciudadanía de pueblos indígenas—, marcó un cambio en la legitimidad política. Aunque su imagen como “faro de la democracia” se ha erosionado, los principios de consentimiento de los gobernados y derechos inalienables siguen vigentes.
