Según el Estatuto de la Oposición, el candidato que quede segundo en la segunda vuelta tiene derecho a una curul en el Senado. Iván Cepeda probablemente la aceptaría; Abelardo De la Espriella podría rechazarla.
Según el Estatuto de la Oposición (Ley 1909 de 2018), el candidato a la presidencia que quede en segundo lugar en los votos después de la segunda vuelta tiene el derecho personal e inmediato a ocupar una curul en el Senado de la República y su fórmula vicepresidencial obtiene una curul en la Cámara de Representantes. Tienen un plazo estricto de 24 horas, tras la declaratoria oficial de los resultados, para manifestar por escrito si aceptan o no el cargo.
Al aceptar la curul, el candidato derrotado adquiere una plataforma nacional visible, derecho a réplica frente a alocuciones presidenciales y el liderazgo institucional de la oposición. Le permite hacer debates de control político al nuevo gobierno y mantenerse vigente para el siguiente periodo electoral sin “desaparecer” del radar público (como lo hizo Gustavo Petro en 2018).
Pero si el candidato perdedor siente que el Congreso va a desgastar su figura, o si prefiere hacer política en las regiones o desde el sector privado sin la disciplina de las sesiones legislativas, podría rechazarla. Si no la acepta, esa curul simplemente se pierde y el Senado se queda con su tamaño habitual (107 senadores en lugar de 108).
En caso de quedar de segundo, casi con total certeza Iván Cepeda aceptaría la curul en el Senado. Él es un político de carrera y lleva más de una década en el Congreso (fue representante a la Cámara y luego senador). El Congreso de la República es su hábitat natural. Para él, aceptar la curul no representaría un cambio de vida, sino la continuidad de su trabajo político. Al asumir la curul de oposición, se convertiría de inmediato en el líder institucional de la izquierda, articulando los debates de control político, defendiendo el legado de Gustavo Petro y sirviendo de contrapeso frente a un eventual gobierno de derecha.
Si quien pierde es Abelardo De la Espriella, es altamente probable que no acepte la curul en el Senado. De la Espriella es un abogado litigante, empresario millonario y una figura muy mediática, pero no tiene experiencia en cargos públicos ni en la dinámica interna del Congreso. El rol de un senador de la oposición exige disciplina legislativa, asistencia a comisiones y someterse a las reglas del Congreso, algo que choca con su perfil de “outsider” y su estilo de vida (como lo hizo Rodolfo Hernández en 2022, quien a pesar de asumir la curul, renunció al Congreso 63 días después). Lo más probable es que decline la curul, prefiriendo hacer oposición a través de los medios de comunicación, las redes sociales y movilizaciones ciudadanas, sin amarrarse a un puesto legislativo.
A esto se suma que el Congreso en Colombia es un escenario de desgaste político, negociación de reformas y búsqueda de consensos. Ese ecosistema contradice su marca personal y su discurso radical de “mano dura”, el cual resulta más rentable electoralmente si se mantiene al margen de los debates legislativos y de las alianzas partidistas tradicionales. Además, al contar con una bancada muy pequeña, carecería de la fuerza numérica para aprobar leyes, impulsar reformas o frenar proyectos del oficialismo por sí mismo, dependiendo enteramente del “préstamo” de votos de partidos más grandes. Esto demuestra que su propuesta es un proyecto personalista de opinión, sin bases colectivas y el respaldo legislativo necesarios para dar viabilidad a un gobierno.
Por otra parte, De la Espriella ha dejado claro que no le interesa hacer una carrera legislativa tradicional ni convertirse en un político de profesión. Para él, el Capitolio representa la política convencional, mientras que su discurso busca proyectar una figura de mando directo propia del Poder Ejecutivo.
Finalmente, existen insalvables incompatibilidades legales y financieras con su actividad privada. De acuerdo con el Artículo 180 de la Constitución Política, los congresistas tienen un estricto régimen que le impediría ejercer como abogado litigante o representar a clientes en procesos judiciales. Tampoco podría gestionar ni firmar contratos en nombre de su firma (De La Espriella Lawyers Enterprise), ni intervenir en negocios ante entidades públicas o empresas del Estado. Dado que su firma de abogados y sus múltiples emprendimientos (marcas de ropa, licores y restaurantes) representan su principal fuente de ingresos e influencia, apartarse del control de sus empresas supondría un costo financiero y profesional altísimo que él mismo ha catalogado como inviable en repetidas ocasiones.
En suma, mientras que para Iván Cepeda la curul en el Senado es un paso lógico y natural debido a su trayectoria parlamentaria, para Abelardo De la Espriella un escaño en el Congreso resulta poco atractivo para su estilo personal e independiente. Cepeda lideraría una oposición institucionalizada desde el Capitolio, mientras que De la Espriella optaría por una oposición mediática, populista y de fuerte confrontación en las calles.
