Aníbal Guiser, actor, guionista y navegante, desarrolló el primer ecovecindario de casas flotantes en Argentina, sobre un humedal del río Luján, tras una crisis económica.
Aníbal Guiser, actor, guionista, director y navegante, construyó su casa flotante en un predio de 6 hectáreas sobre el río Luján, en Ingeniero Maschwitz, partido de Escobar, provincia de Buenos Aires. El proyecto derivó en la creación del ecovecindario Hipocampo, el primero de su tipo en el país.
Guiser relató que la idea surgió luego de una crisis económica personal vinculada a la caída de un proyecto documental con el Smithsonian Institution, de Estados Unidos, y la devaluación de 2001. «Me encontré con una deuda imposible de sostener», declaró. «Dije: ‘Perdido por perdido, en vez de irme al monoambiente del artista caído en desgracia, me voy a vivir al Delta con mi barco'», agregó.
Durante un año y medio recorrió la costa del río Luján desde Olivos hasta Campana, hasta encontrar un terreno en Dique Luján. «Tenía el Delta típico, pero también un campo abierto hacia el poniente con unas puestas de sol increíbles», afirmó. En 2006, junto a un amigo, compró las 6 hectáreas. «Al recorrerlas a pie, nos dimos cuenta que casi todo era un pantano inhabitable», indicó.
La condición del terreno, más bajo que la línea de costa, provocaba que el agua del río quedara atrapada formando lagunas. Esa característica inspiró la construcción de una casa flotante. Guiser publicó avisos en revistas ecológicas y organizó recorridos por el terreno para vender parcelas. Con ese financiamiento comenzó la obra.
Su vivienda, de 52 metros cuadrados, fue construida como prototipo. La planta baja integra living, comedor y cocina con ventanales al agua; la planta alta tiene un dormitorio y una terraza deck. Los flotadores son de ferrocemento, una técnica utilizada en embarcaciones. «El primer flotador se deformó por una crecida y todavía tiene filtraciones. Sigue entrando agua y cada tanto uso una bomba de achique», reconoció. «Fui el conejillo de indias absoluto», añadió.
El sistema de agua se extrae de un canal interno del río Luján. Guiser afirmó que, según análisis, es potable en esa zona. Desarrolló sistemas de biodigestión anaeróbica y monitoreo para minimizar el impacto ambiental. La calefacción es con salamandras y leña; en verano se utiliza ventilación cruzada y un techo verde ultraliviano.
El predio se organizó en 35 parcelas. Actualmente hay alrededor de 20 viviendas terminadas. «Una de las principales diferencias con barrios privados náuticos tradicionales es la filosofía ambiental del proyecto. Mientras muchos desarrollos rellenaron humedales, este ecovecindario busca adaptarse a la dinámica natural del agua», explicó Guiser. Las casas tienen distancias de más de treinta metros entre sí.
En 2013 se inauguró el ecovecindario Hipocampo, inspirado en la permacultura y la ecología. «Es un lugar de realización de sueños», afirmó Guiser.
