A poco más de un mes y medio de lograr un dictamen de mayoría, la discusión en el Senado entra en una semana clave con una sesión extraordinaria prevista para pasado mañana. La jefa oficialista en la Cámara alta, Patricia Bullrich, mantendrá una reunión decisiva con los senadores dialoguistas para asegurar los votos necesarios.
A poco más de un mes y medio de haberse logrado un dictamen de mayoría que avala el proyecto de reforma laboral, la discusión en el Senado ingresó en una semana definitoria, con una sesión extraordinaria convocada para pasado mañana, a partir de las 11. El destino de la ley intentará ser blindado durante una reunión clave que mantendrán por la tarde de hoy la jefa oficialista en la Cámara alta, Patricia Bullrich, con sus pares dialoguistas, quienes son los dueños de las adhesiones que inclinarán la balanza hacia una victoria o una derrota.
Desde que se firmó el despacho en diciembre último, la aprobación en general de la iniciativa estuvo asegurada, salvo para algunos operadores que recién días atrás se enteraron de que, en estas compulsas, las votaciones en particular son las que realmente importan. En dicha instancia es donde el asunto aún no está comprometido, con el oficialismo y algunos acompañantes que pasaron de un 80% cerrado a un 95%, según mencionó la propia Bullrich días atrás. No sería extraño que, en las próximas horas, la ex ministra de Seguridad hable de 97 o 98%.
Durante el fin de semana, fuentes parlamentarias indicaron que los potenciales aliados del Gobierno ya le avisaron a Bullrich que, tras el guiño inicial en el recinto, para la votación en particular se sugeriría una moción que implica capítulos completos para varios casos y, en los más enmarañados, artículo por artículo. La instancia es compleja debido a que del lado opositor se encontrarán unidos el kirchnerismo, un puñado de peronistas con posturas diversas, y algunos provinciales.
Para el convite de hoy, los pasos de Bullrich parecen claros, aunque este oficialismo es incierto. La cuenta repetida es la siguiente: La Libertad Avanza suma 21 votos y precisa, sí o sí, de la mayoría de los diez que tiene la Unión Cívica Radical (UCR) y los tres del PRO. Esto, para empezar a hablar y acercarse a los 37, el mínimo para el quorum y blindar el proyecto. Los diez restantes del “grupo de los 44″ son los santacruceños José María Carambia y Elena Gadano, la salteña Flavia Royón, los misioneros Carlos Arce y Elizabeth Rojas Decut, la neuquina Julieta Corroza, la chubutense Edith Terenzi, y la tucumana Beatriz Ávila.
En el oficialismo además miran con atención a los cinco “justicialistas” de Convicción Federal, que dieron gestos cuando se sancionó el Presupuesto 2026. Días atrás, volvió a circular el rumor de una ruptura total con el interbloque “Popular”, hoy en manos del formoseño José Mayans. Lo más llamativo de los justicialistas es que ni siquiera se ponen de acuerdo entre ellos para votar una iniciativa.
El panorama es más desalentador si se revisan las declaraciones de los últimos meses, cuando se consumó la prisión efectiva de la ex presidenta Cristina Kirchner. Por eso, el Gobierno acelera fiel a su costumbre simplificada de “por todo y contra todos”. Del otro lado, la pelea no es por el poder, sino por la mínima supervivencia en un sistema con menos herramientas y fondos. La puja de esta semana en el Congreso deja de ser técnica para La Libertad Avanza y vira a simbólica.
Las trifulcas principales a “resolver” apuntan: caída de la Coparticipación, con otra pirueta de mandatarios provinciales para operar una solución; si los aportes en sindicatos y entidades empresariales serán voluntarios u obligatorios; la esencialidad de algunas actividades; la ultraactividad y batalla gremial por convenios colectivos de trabajo; los plazos diversos para implementar nuevos mecanismos del mundo laboral o tributario; dineral hacia obras sociales; y el fondo de asistencia ante despidos, entre otras cuestiones. La apuesta opositora es aglutinar enojos para conseguir el milagro en el recinto o ir directo a Diputados para forzar modificaciones y un regreso a la Cámara alta.
